Los que entráis a menudo en esta página, os habréis percatado de que en la columna de la derecha -vuestra derecha-, entre “nubes de tags” y “posts más vistos”, he puesto una lista de reproducción que me costó sangre, sudor y lágrimas colocar ahí y cuyo fin es compartir mensualmente las canciones que en ese momento son más significativas para mí, por una u otra razón. Espero que sea de vuestro agrado. Por otra parte, durante estos días, tan calurosos y pesados, particularmente extraños durante este curso para un servidor, tenía ideas para varias entradas que, al fin y al cabo, la función que tienen es la misma de esa lista de reproducción: compartir preocupaciones, aunque sean episódicas y se desvanezcan con el tiempo, a veces con muy poco tiempo. Como resulta que estoy muy vago y poco inspirado -y espero que mi atribución de responsabilidad a la canícula no sea errónea-, he decidido hacer una entrada de múltiples formas para contaros lo que durante estos días ocupa mi cabeza.

Hace un par de meses terminé la lectura de La canción del verdugo, 
En el año 2001, Leonard Cohen publicó 
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