
El pasado miércoles 14 fui a ver a Billy Bragg a la sala Galileo Galilei de Madrid. Aproveché bien la tarde haciéndome con mi copia de Christmas In The Heart y paseando por el centro y, aunque luego fuera infernal el camino en coche hasta Cea Bermúdez, siempre es agradable oler el ambiente contaminado del foro con la ventanilla abierta. Billy no se prodiga por aquí, y estuvo gigante, con apariencia imponente, alto como es y mejor comunicador, bebiendo te en escena e invitando a la audiencia a participar en una revolución por la que él lleva décadas muriendo y por la que dice mantener la fe todavía. El set estuvo muy equilibrado y prefirió regalar al público que llenaba la sala con algunas de las piezas más conocidas de su repertorio, -‘The Milkman Of Human Kindness‘, ‘To Have And To Have Not’, ‘Sexuality’, ‘Must I Paint You A Picture’, por supuesto ‘A New England‘- y algunas de las canciones de su último disco Mr. Love & Justice -‘I Keep Faith’, ‘O Freedom’ y ‘Mr. Love & Justice’.
El cine, al igual que la literatura, la pintura o la música, tiende constantemente a regresar a lugares comunes, a problemas, digamos, universales que son desarrollados de una u otra forma, a veces como manera de contribuir a fortalecer el conocimiento del espectador, a veces como
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