Me da igual que sea de Berlusconi. Empiezo a carecer de la hemiplejía moral que diagnosticó Ortega. Enrico me ha enseñado cada rincón de Procida, me ha demostrado que la pasión por algo sigue siendo el único camino que nos queda, sea por un lugar, por palabras, por un autor, por el tramonto en la Corricella. Enrico ha conocido a Sophia Loren, a Muti. Enrico se presenta a las listas municipales de Procida. Allí se dan de hostias con los de su propia lista para salir, y la desgracia es que yo no lo puedo votar. Pero sí doy un voto a ese aperitivo en la Marina Grande, a ese aliscafo que se lleva los sueños con él para no echar la mirada atrás.

People Talkin’