¿Caos calmo?

Resulta que Nanni Moretti ha protagonizado una película que se ha presentado en la reciente Berlinale. No la dirige él, pero sí ha escrito el guión. Se llama Caos calmo. El director es Antonio Luigi Grimaldi, amigo de Moretti, con quien ha colaborado recientemente en el visceral ataque a Berlusconi que es la poco apreciada Il Caimano (2006). Caos calmo cuenta una historia muy semejante a La habitación del hijo (2001), esa terrible reflexión sobre la causalidad de las cosas y del sinsentido moral que provoca en la realidad cotidiana el que, como dicen en Jindabyne, la gente se muera en el orden equivocado. Pero ahora quien muere no es el hijo, sino la mujer de Moretti, lo que obliga a que su personaje se olvide de sus negocios, historias y complejos, para dedicarse en cuerpo y alma a su hija. Hasta ahí todo va bien. Se trata de una historia dura, que en manos de otro cualquiera redundaría probablemente en la sensiblería casposa, pero que en las de Moretti (aunque no dirija) supondrá otra victoria del cine como explorador de sentimientos y ansias de la vida cotidiana, en la que las cosas suceden así más a menudo de lo que parece. Todo normal. Estamos deseando ver la nueva de Nanni Moretti, aunque no la haya dirijido él.

Pues resulta que la película ha formado un follón de muy señor mío, pero la razón no está en su argumento, ni en los efectos colaterales que pudiera provocar una obra tan susceptible de tocar la fibra humana. La cosa es que en una escena aparece Moretti fornicando apasionadamente con la actriz Isabella Ferrari (creo que no es la mujer del protagonista, sino un romance que tiene una vez que ha enviudado). Al parecer, la secuencia es de alto octanaje, con sexo anal y todo. La cosa es que uno no se imagina a Moretti dándole al tema, porque su apariencia es, desde luego, la de un hombre cotidiano, del montón, de vida ordinaria, y la sexualidad está virtualmente ausente de su cine o sólo tocada de manera muy tangencial, nunca explícita en las obsesiones de Caro Diario (1993) o Aprile (1998). Pero el asunto es que salir sale en Caos calmo. Y hete aquí que un curilla, un tal Nicoló Anselmi, miembro de la Conferencia Episcopal Italiana, se ha llevado las manos a la cabeza y ha hecho una petición a los actores italianos para que hagan “objeción de conciencia” cuando los directores les pidan que se pongan al mete y saca en las películas que protagonicen. Ya tenemos lío.  La doctrina cristiana deviene día a día una clase de fundamentalismo opaco, cerril. Sus obsesiones y complejos son cada vez más flatulentos y dignos de risa. Mejor será que se esfuercen en demostrar a su crédulo rebaño la existencia del individuo que lleva dándoles de comer más de dos mil años porque la materia de la fe se empieza a desintegrar como se desintegra un terrón de azúcar en un café. Una cosa es que la gente esté acojonada porque va a palmar y necesita ese absurdo y vano consuelo de la vida ultraterrenal, la resurrección y unos principios supuestamente morales que no resisten la más mínima prueba de veracidad -como si no fuera suficientemente absurda ya la propia y terrena; otra cosa es la estafa esta del flagelo. Porque aquí no hablamos de trascendencias. El dogma católico es cada vez más patético y embustero, y proposiciones como ésta no hacen más que subrayar ese hecho patente y asqueroso, porque la tumba de la iglesia apostólica y romana va a pasar primero por el lecho de la putana. Moretti dice que sabía que algo se diría, pero que a él ni fu ni fa. Lo que pasa es que los periodistas italianos son de la misma raza de Satán (¡uy, tradición cristiana!), ya se vió con Marcello, y se han puesto a llamar a su señora madre y a preguntarle que qué pensaba de que su hijo sodomizara en pantalla a la muy erotógena Ferrari. Ecco. Eso ya es pasarse de rosca. Que le molesten a uno bueno está, que a la señora madre de uno es pasarse ya de castaño oscuro. Y todo por culpa de un curita que ahoga sus poluciones nocturnas en odores nacarados y perfume de nardos. O tempora!!

Hay algo más que pensar con Nanni Moretti. Próximamente.

Añado

(1) p es moralmente exigido = Dios manda p

(2) p está moralmente permitido = Dios no manda -p

(3) p está moralmente prohibido = Dios manda -p […]

La aparente capacidad de acuerdo y discrepancia entre no creyentes y teístas en asuntos morales indica que el intento actual de limitar el alcance de la teoría [del mandato divino] tiene repercusiones inaceptables. Así, en ausencia de más pruebas, no estamos justificados para mantener que la mayoría de cristianos y judíos entienden por “moralmente obligatorio”, “moralmente permitido” y “moralmente prohibido” lo que pretenden significar las definiciones (1), (2) y (3).

Michael Martin, Alegato contra el cristianismo, Pamplona:Laetoli 2007, p. 253.

~ por Antonio en febrero 18, 2008.

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