Viejas corrientes escondidas

Durante toda mi vida cinéfila, muchos amigos me han reprochado a menudo mi preferencia esquiva por el cine, digamos, “clásico”, en detrimento de las recientes novedades de aporte contemporáneo. Obviamente, eso no es exacto, pero sí es cada vez más cierto que las mayores aportaciones que mis placeres cotidianos me brindan suelen venir de allende los tiempos, si no en la edad, sí en la propia escritura o manera de formular las propuestas. Así, la película que más me ha conmovido de edad reciente, es de factura clásica dentro de su aparentemente intrincado curso narrativo: Antes que el diablo sepa que has muerto, de Sidney Lumet, que no por casualidad es el director de Doce hombres sin piedad (1957), una aparente antítesis de ésta en la forma, pero de esencia completamente equivalente: hombres abocados a una lucha infernal entre la rectitud moral y la naturaleza perversa del ser humano, teñida siempre de los mismos elementos: ombliguismo, crueldad, avaricia y afán de inmortalidad.

Porque el cine de “corte clásico” todavía es capaz de ofrecerte recompensas. Existen muchas películas que visitar, no menos que revisitar. En una relectura de El hombre de Laramie (Mann, 1955), por ejemplo, es posible encontrar nuevos caminos, todavía escondidos antes y tal vez luego. El cine actual, igual que la música, igual que la literatura, sufre la propia enfermedad de una modernidad agazapada en la inmediatez. El triunfo de una película es ser vista. La revisión es un concepto que no entra en los canones del consumo audiovisual actual. Así está la cosa.

El pasado sábado decidí dedicar el ocaso a ver una película de la que jamás había oído hablar. De 1946 y reparto de canónico star system: Katharine Hepburn, Robert Taylor y Robert Mitchum. Dirige Mr. Vincent Minnelli. Me la topé en una visita a la biblioteca del Alcázar de Toledo, ese extraño reducto de estímulo al por mayor (por cierto, aproveché para ofrecer a sus fondos un montón de películas en VHS originales que tengo muertas de risa, duplicadas en DVD y ocupándome espacio en casa y, lo que son las cosas, me dijeron que no estaban interesados en el viejo y deteriorado VHS. Sic transit…). El caso es que me atrajo la carátula, con su advertencia de que no revelara el sorprendente final de la película que, a todo esto, se llama Corrientes ocultas, Undercurrent en original. Se trata de un melodrama pero con ribetes psicológicos, al final más un film noir de pura cepa que lo otro. Es como tener a la Hepburn haciendo Luz que agoniza (Cukor, 1944) -película que es referente de ésta, evidentemente, al igual que Sospecha de Hitchcock (1941): para muchos no pasará Undercurrent de ser un pastiche de ellas, porque en cierto sentido, exlota un filón exitoso, obviamente sin la misma fortuna. He intentado hacer memoria, y no recuerdo a Kate Hepburn en un papel semejante. Nunca hizo, claro, de femme fatale, à la Stanwyck de Perdición (Wilder, 1944) pero, más aún, creo que nunca sufrió tormentos hitchcocknianos como a los que aquí se ve abocada (si alguno cae en la cuenta, que me lo haga saber en los comentarios, por favor Carlitos). Si a eso le añadimos un Taylor que arranca haciendo de galán prototípico como de costumbre, pero que después termina con más sombras que el tío Charlie de La sombra de una duda (Hitchcock, 1943), y un Mitchum que hace todo lo contrario de lo que esperas que haga Robert Mitchum, te encuentras con un atípico cocktail de perturbación del canon. Nada es en esta película lo que parece. Su arranque podría ser el principio de cualquier película típica de Katharine Hepburn, de alegre comedia burguesa, al estilo de las obras maestras de LaCava, Stevens o Cukor, pero rapidamente, Minnelli te conduce a caminos inéditos en su concepción del cine, consiguiendo una violencia estremecedora que no es posible, ni de lejos, encontrar en una sola secuencia del cine “de hoy”. El tema recuerda un poco al de ese engendro que hizo Zemeckis con el Doctor Jones y la Pfeiffer, Lo que la verdad esconde (2000), y es precisamente en ese contraste entre dos tiempos rotos e incapaces de generar sentido de continuidad, de donde uno concluye que prefiere volver la mirada, seguir ahondando en el baul del acervo de largo tiempo y recorrido, y no querer sacar oro de un sitio donde no puede haberlo, porque las minas de las Medulas hace tiempo que se quedaron secas.

Katharine Hepburn en la memoria (autor, aLyssamarieee24)

~ por Antonio en junio 8, 2008.

Una respuesta to “Viejas corrientes escondidas”

  1. Pues pare, llevo varios días devanándome los sesos (confieso que he llegado a recurrir al imdb) , y no, no recuerdo a la Hepburn ni de atormentada ni de atormentadora, al menos no atormentadora tipo mujer fatal (el pobre Cary Grant pasaba las de Caín por ella en La fiera de mi niña, por ejemplo, aunque no llegaba a delinquir, pero seguro que se lo planteaba…)
    A ver si acaba el el curso de una vez, pasa la oposición, y nos vemos, que ya “hacen” ganas…

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