Now ain’t the time for your tears

Hemos comenzado el año con obituarios. Bueno, éste es muy diferente. Ha fallecido a la edad de 69 años William Zantzinger. A la mayoría no le dirá nada este nombre, pero otros estaréis -estaremos- hartos de escucharlo una vez y otra, siendo como es el protagonista de la canción ‘The lonesome death of Hattie Carroll’, incluida en el tercer disco de Bob Dylan, The Times They Are-A-Changin’ (1963). El tema en cuestion, como se ha destacado una y otra vez, es la obra maestra del subgénero de las topical folk songs, es decir, canciones que describen, con intención social y de denuncia, un hecho punible que, por lo general, habría ocupado líneas de información en algún diario de turno. En la primera etapa de Dylan se encuentran algunos buenos ejemplos de lo mismo, como ‘Who killed Davey Moore?’ u ‘Only a pawn in their game’. ‘George Jackson’  (1971) y ‘Hurricane’ (1975) son posteriores ejemplos coyunturales de lo mismo -si bien, y sobre todo en el segundo caso, deberíamos hablar de topical rock songs. Precisamente, la coyunturalidad es una cualidad intrínseca de este tipo de canciones, en las que otros folk singers coetáneos de Dylan, Phil Ochs sobre todo, destacaron sobremanera. Eso explica el hecho de que Dylan jamás haya vuelto a interpretar una canción como ‘Hurricane’, pese a su popularidad -¡ay, esos infelices que todavia se creen que va a cantarla cuando asisten incautos a un show de Bob!

Sin embargo, Bob Dylan ha continuado interpretando en directo ‘The Lonesome Death of  Hattie Carroll’: sin ir más lejos no hace mucho tuve la oportunidad de ver cómo lo hacía en Hoyos del Espino (Ávila), en fecha tan cercana como el 28 de junio pasado. El 15 de noviembre, en Kingston, Ontario, apareció por última vez en el set list. Ya la recuperó, tras un lapso que comienza en 1966, en la gira con The Band en 1974, también en la Rolling Thunder Revue, en 1975, y así sucesivamente, nunca quedando del todo varada en el círculo de limbo al que Dylan condena de cuando en cuando alguna de sus obras maestras. La razón parece que se agazapa en la naturaleza magistral de la canción: su atemporalidad está subrayada, pese a que describe un hecho puntual, por la maestría del uso de las palabras, por la brillantez del manejo del contexto y la información implícita, además de por el hallazgo que supone el estribillo -si es que alguna canción de Dylan “lo tiene”: “y vosotros que filosofáis sobre la desgracia y criticáis los miedos, quitaos la careta del rostro, ahora no es tiempo para vuestras lágrimas”, cambiando al final el sentido de la última parte porque “ahora es tiempo para vuestras lágrimas”. Dylan nunca dice que Hattie Carroll fuera negra porque no hace falta, en el contexto de la América de los primeros sesenta un conflicto como ese se planteaba normalmente en clave de choque racial, pero cantando la canción en 2008 el efecto trasciende la mera ejecución de unos presupuestos marginatorios en la forma de un alegato contra cualquier práctica del abuso de poder.


En la biografia de Howard Sounes se puede leer la opinión de Zantzinger -cuyo nombre en la canción es “Zanzinger”- sobre Dylan: “Es un hijo de puta inútil -se enfurece y sostiene que la canción no es del todo cierta-. Es como las heces de la sociedad (sic)… debería haberlo llevado a juicio y haberlo encerrado en la cárcel” (Sounes, Down the Highway, p. 182 ed. esp.). Pero sin embargo, este ciudadano de Maryland nunca intentó, como bien dice Sounes, que Dylan dejara de “difamarlo” por ahí. La historia, muy resumida, para los que la desconozcáis o no podáis leer el extenso relato en inglés al que vinculo aquí, consiste en que Zantzinger, de 24 años de edad, asistió a un evento en el hotel Emerson de Baltimore, se emborrachó y empezó a comportarse violentamente con el personal del hotel y con su propia esposa. Cuando Hattie Carroll, una mujer de 51 años, de raza negra, que trabajaba como camarera en el Emerson, le dijo que esperara un momento a que le sirviera el bourbon que Zantzinger le había pedido, éste le propinó un bastonazo que a la postre causó la muerte de la camarera, que padecía del corazón. Curiosamente, otro biógrafo de Dylan, Clinton Heylin argumenta que Zantzinger nunca golpeó a Hattie Carroll, y que por tanto, pese a la belleza de la canción, ésta es difamatoria. El colapso de Hattie Carroll habría tenido lugar como consecuencia del estress y los insultos vertidos por Zantzinger, que la llamó “puta negra” y no se olvidó de usar el específico dardo racista ‘nigger’ (Heylin, Behind the Shades, pp. 124-125, para la  absolución del biógrafo). El argumento de Heylin parece apoyarse en la propia sentencia de los jueces de Maryland, fundamentada al parecer en la autopsia de Hattie Carroll: lo que condenó a seis meses a W. Zantzinger fue precisamente la suposición de que la muerte se había producido como consecuencia de los abusos verbales, no de un golpe de bastón. Así, la canción de Dylan contradiría la versión oficial de los hechos post ius, y la seguiría contradiciendo hoy.

Obviamente, la fuerza de ‘The lonesome Death of Hattie Carroll’ sobrepasa los límites estrictos de la descripción de la realidad. El fallecimiento de Zantzinger, un producto historico cualquiera al fin y al cabo, un peón en el juego de las reglas de la sociedad de Baltimore -que, por cierto, no es la última vez que se las tuvo que ver con la justicia-, sólo subraya, como el gran arte suele, la mezquindad y vacuidad de la existencia: mientras que el hombre se convierte en una esquela cualquiera, la canción que utiliza su nombre como actor resuena y resonará atronadora por siempre en nuestra conciencia.

Encore, a propósito…

‘The lonesome death of Rachel Corrie’, Billy Bragg

~ por Antonio en enero 8, 2009.

4 comentarios to “Now ain’t the time for your tears”

  1. Genial artículo, enhorabuena.

  2. Gracias a internet podemos leer artículos tan excelentes como éste. Porque la prensa tradicional hace ya tiempo que ha perdido el tren: sólo saben hacer publicidad encubierta y refritos. Gracias Antonio.

  3. un hijo de puta menos.

  4. he estado apunto de escribir un comentario. este del otro lado te llegará en unos días.aún no tiene sello

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