A mis fans les va a gustar

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Dedicado a Serafín, por su paciencia, aguante y por no perder la esperanza

Eso es lo que contestaba Dylan a la cuestión que, sobre la recepción de Together Through Life, le hacía Bill Flanagan en la extravagante entrevista publicada por entregas en la web oficial de Columbia al principio y en otros medios después -en español en el diario El Mundo. Lo cierto es que en la respuesta del músico hay, como suele, una ironía subyacente que, en principio, puede resultar hiriente para el fan viniendo de quien viene. Sería algo así como que a los fans de Dylan nos gusta cualquier cosa que haga, por mediocre que sea. Evidentemente no es el caso, pero con la sorpresiva aparición de Together Trough Life sólo dos años y pico después de Modern Times, acostumbrados como estamos a largos lapsus temporales del 90 a esta parte entre cada entrega de material nuevo de Dylan, la unanimidad sobre la calidad del disco vino más de la prensa musical “oficial” a ambos lados del Atlántico que de las opiniones de los círculos dylanianos.Y es que el estado de cosas estaba bien revuelto. Por suerte o por desgracia, el tiempo ha venido a poner las virtudes de Modern Times en entredicho. Apenas tres años después de su publicación, la escasa inspiración de un disco rutinario en su mayor parte, culpable por alargar hasta la extenuación el modelo crooner -que había anticipado con mayor éxito “Love and Theft” – en canciones como ‘Beyond The Horizon’ o ‘Spirit On The Water’, había terminado por atragantarse un poco a buena parte de la audiencia habitual de Bob Dylan. Por si fuera poco, éstas precisamente, y no otras canciones como ‘Ain’t Talkin” o ‘Workingman Blues #2’, se estaban convirtiendo en el bajonazo crucial de los conciertos de Dylan. Dicho de otra manera, Modern Times se había convertido en un disco para oír de fondo, no para sentir, no para sentarte o ponerte a tope como ocurre con “Love and Theft” y, por supuesto, Time Out Of Mind -esos que componían, según decían, la famosa “trilogía” de no se qué mandanga. Así las cosas, un disco nuevo de inmediato podía cuando menos preocupar, habida cuenta de que más de lo mismo hubiera tenido un efecto dramático.

Al mismo tiempo no puede entenderse el ambiente que ha rodeado la salida de Together Trough Life separadamente de la gira europea que entre marzo y mayo tuvo ocupado a nuestro músico favorito, de Estocolmo a Dublin, escogiendo esta vez plazas mayores como Paris, Roma, Londres o Amsterdam en lugar de las de tercera categoría de su último periplo europeo -el que le trajo en el 2008 por última vez a España. Lógicamente -aunque no tanto, si se piensa en sobre quién estamos hablando-, se pensaba que en algún momento presentaría las canciones o alguna canción del nuevo disco y sólo sería cuestión de tiempo ver cuándo sucedía esto -lo que tuvo lugar en Dublin al final de la gira, donde interpretó en dos ocasiones ‘If You Ever Go To Houston’. En este sentido, la expectación que se creó alrededor del concierto que iba a celebrarse en el legendario club Roundhouse de Londres, el 26 de abril, coincidiendo con la puesta de largo de Together Through Life, fue enorme. Para asistir al mismo, hacía falta adquirir la entrada a través de la web oficial de Columbia, y el día previsto el servidor no pudo aguantar la enorme demanda y se formó un considerable cirio que aún hoy resuena. No sólo se trataba de la eventual posibilidad de que Dylan estrenara las canciones, sino de que Londres ha sido testigo durante esta última década de algunos de los conciertos más memorables del Maestro, sobre todo en la serie de tres conciertos consecutivos del 2003 y en la estancia de cinco noches en la Brixton Academy de 2005. Shows brutales en términos de repertorio y entrega, de dominio y complicidad. Si no estuviste -yo no estuve…-, pues te los perdistes, pero si no tienes las grabaciones, no sé qué demonios estás haciendo. Con antecedentes así, era de esperar un ciclón de sorpresas, más aún habiendo visto la gira debuts inesperados como el ‘Billy’ de la primera noche en Estocolmo, el 22 de marzo -sin canciones de Modern Times-, o la extraña aparición de ‘One More Cup Of Coffee’ la siguiente noche en la misma ciudad.

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Pues no fue así. El concierto de Roundhouse fue, al igual que el de la noche anterior en el O2 Arena -recinto enorme poco apto para el disfrute íntimo de un concierto de Bob Dylan-, un show standard, sin sorpresas ni novedades, con un Dylan correcto y en su línea de los últimos tiempos. Tan sólo la cercanía proporcionada por un espacio como el Roundhouse había sido la recompensa de los escasos afortunados que consiguieron una entrada. La evidente decepción se ha traslucido incluso entre quienes han reivindicado el último paso de Dylan por Londres. Dave Richardson escribe en ISIS #144: Entonces viene el gran bajonazo de ‘Tweedle Dee And Tweedle Dum’, una de las que menos me gusta del período 1997-2006. Sé que tiene algún mérito, pero… ¿seguro que puede preferir esto a algo nuevo de Together Through Life? La duda se convierte en desespero, aliviado someramente por ‘High Water’ pero aumentando de nuevo durante la soporífera ‘I Don’t Believe You’. No ha tocado una versión decente de ella desde 1966 cuando Bob, a sus 25, tenía la edad justa para hacer creíbles sentimientos propios de adolescentes como los de la canción. A los 68 seguro que ya no puede. Bob, No Te Creo. Actuas como si no acabaras de grabar un nuevo disco.

Todo ello parece llevar a una pregunta que ronda moscona y mosqueante, parece digo, por la cabeza de muchos fans de largo recorrido. Tal y como dijo Paul Williams en 1979, “¿Qué está pasando, Dylan?”. La intransigencia de Dylan en directo, simbolizada por la insistencia en interpretar canciones como ‘Spirit On The Water’, ¡nada menos que durante los bises!, parece amortiguar y apaciguar el deseo real y descarnado de volver a ver a nuestro hombre en acción. A la vez, la banda cada vez revela más sus carencias en directo; después de cinco años prácticamente sin cambios,  no ha llegado jamás a estar engrasada del todo, nunca ha sabido llevar al hombre a las excelsas cotas interpretativas de, digamos, 2003 o 2000, por no irnos muy lejos en el calendario. El epítome de esta ausencia de sintonía es el crimen perpetrado contra ‘Dignity’ la noche del 31 de marzo en Hannover o el nuevo e infecto arreglo de ‘Man In The Long Black Coat’ escuchado por ejemplo en Erfurt, Alemania, el 2 de abril. Dos obras maestras reducida a escombros, acaso por la ineptitud momentánea de la banda, acaso por la dejadez y falta de interés del propio Dylan. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué está pasando, Dylan? Pues tal vez no pase nada, porque a la vez que el público del Roundhouse se quedaba compuesto, otros lugares han visto a Dylan arriesgando el todo por el todo, a la vista de las grabaciones, claro, desarmando en el centro del escenario ‘Til I Fell In Love With You’ en Copenhage,  haciendo un ‘Lovesick’ brutal en Berlin que dejó a mi querido Valentín sin aliento, homenajeando a Aznavour en Paris, a Harrison en Liverpool o a Italia en Italia. Resumiendo: ¿ha existido un momento de la carrera de Dylan que dé tantas decepciones o tantos subidones como éste? Tal vez esto habría que plantearlo de otra forma: ¿ha dejado Dylan alguna vez de dar decepciones o subidones al mismo tiempo? Bueno, sí, en 1982. Y en todo esto, ¿cómo encaja Together Through Life? ¿Decepción? ¿Subidón? ¿Ambas? ¿Qué pertinencia tiene este nuevo disco en abril del 2009?

Mucho se ha hablado de cierta presunta decadencia en el arte interpretativo de Dylan en directo, tan importante, no lo olvidemos, como su capacidad para crear canciones. Esta misteriosa caída, explicada sobre todo en virtud del natural paso de los años en principio, sólo se vería soslayada por interpretaciones puntuales, como algunas de las citadas arriba, pero también tienen su raíz en la evidente voluntad de Dylan por no jugarse el todo por el todo, por no conceder un ápice fuera de su estoica concepción actual del directo. Ante una colección nueva de canciones, por tanto, es lícito preguntarse si ocurrirá que ese descenso en la potencia formal combinado con una evidente falta de inspiración -ojo, tratándose de quién se trata- no conducirá a un disco, cuando menos, convencional. Pero no, no pasa nada. Sí, lo primero que llama la atención de Together Through Life es que no hay canciones que te dejen maravillado y absolutamente fuera de la tierra. Si acaso ‘Feel I Change Comin’ On’, que si se piensa puede considerarse al final la mejor grabación de Dylan desde ‘Cross The Green Mountain’ en el 2003, y mira lo que digo, “la mejor grabación”, no “la mejor canción”. No hay aquí un ‘Ain’t Talkin” ni un ‘Workingman Blues #2’. No. ¿Qué hay pues? Pues hay una uniformidad que no se veía desde Time Out Of Mind en un disco de Bob Dylan, claro que una uniformidad en la línea del medio, no una en contacto con el absoluto como aquella. Esta opinión es general y fue el comentario unánime desde que salió el disco.

Las canciones de Together Through Life no son gran cosa, eso es verdad. Si las cantara Eric Clapton o Van Morrison servirían para sonar de fondo en la consulta del dentista o mientras compras en el Mercadona. Eso es así. Pero el asunto es que el que las canta es Bob Dylan y, a mi parecer, las canta con un poderío que no se le veía desde que Larry Campbell abandonara la banda allá por el 2004. Tómese una canción como ‘My Wife’s Hometown’, un blues convencional, con una melodía tomada directamente de Willie Dixon -¡acreditado, Zeus, creo que Bob mira Internet! Todos sabemos que Dylan es el mejor cantante de blues blanco -yo diría negro también, mejor que Robert Johnson y Muddy Waters juntos. Lo que hace con esta cancioncilla formularia es increíble. No entiendo cómo esta canción no ha calado más hondo en los fans. Hay que mirar cómo insufla vida a un pareado tan tonto como “I lost my reasons a long ago / My love for her is all I know” (Perdí mis razones hace tiempo / Mi amor por ella es todo lo que conozco). Más allá, nos encontramos con una canción repetitiva, pesada y que promete salir mucho en la próxima gira de Dylan, ‘If You Ever Go To Houston’ (Antonio, que no, que no), donde el acordeón de David Hidalgo no para de subrayar cada frase en hipnótico trance. Pero hay que escuchar cómo dice ‘you better walk right’, con qué chulería, con qué pose tan típicamente dylanesca, con qué sabiduría, en fin. No sólo esa frase está sacada del ‘Midnight Special’ de Belafonte -en cuya grabación participó el mismo Bob-, sino que la melodía es una relectura sorprendente de la canción. ¿Qué estoy diciendo entonces? Canciones normales cuya importancia en el canon dylaniano radica en la fuerza de su interpretación. Otra, el arranque de esa combinación melódica entre ‘Ain’t Talkin”, ‘Can’t Wait’ y ‘Trust Yourself’, ‘Forgetful Heart’ -qué coincidencia que todas tengan dos palabras en el título. Si Dylan no es capaz de alcanzar la intensidad del momento en el que dice ‘lost your power of recall’, será mejor que no la toque en directo.

Lo extraño también es que para la ocasión haya contado Dylan con un coautor, Robert Hunter, colaborador de antaño: ‘Silvio’ y ‘Ugliest Girl In The Wolrd’ son letras de Hunter musicadas por Bob Dylan. Lo raro es que, al contrario de otras colaboraciones, fundamentalmente con Jacques Levy y Sam Shepard, ésta no aporta demasiado a unas letras simplonas y convencionales, en buena extensión las más facilonas que ha escrito Dylan desde Empire Burlesque. Uno no puede dejar de sospechar que el grueso de las mismas es obra del propio Hunter, si bien la simplicidad voluntaria de la delicada ‘This Dream Of You’ es responsabilidad únicamente de Dylan. Existen ya rumores de que esta colaboración no concluye aquí porque la “inspiración” de Hunter promete facilitar a Dylan un filón que le permitiría hacer canciones nuevas en aluvión, de dar forma, incluso, a un musical. Desde luego, la querencia durante los años de la NET de Dylan por ‘Silvio’ trasluce una entente que va más allá del nexo perenne con The Grateful Dead. Los resultados, sin embargo, dejan mucho que desear.

37th+AFI+Life+Achievement+Award+Show+eT2Vd0pJrPRlTal vez el “efecto Hunter” se haya notado en un elemento que salva muchas de las canciones de caer en la rutina y en la pesadez de algunas piezas de Modern Times: la duración de las canciones. Así, esos piezas de rock primigenio que son ‘Jolene’, ‘Shake, Shake Mama’ e ‘It’s All Good’ salvan el tipo por no extenderse mucho más allá de los tres minutos, al revés que ‘Rollin’ And Tumblin” o ‘The Levee’s Gonna Break’. En todas ellas, la banda suena contundente, enriquecida sin duda por la rara ausencia de Stu Kinball y Denny Freeman, los dos lugartenientes a la guitarra que han sido sabiamente suplidos por David Hidalgo al acordeón  -en los créditos pone “David Hildago” y la errata parece haberse arrastrado porque en publicaciones como ISIS lo han llamado así…- y por el viejo camarada de los Heartbreakes, Mike Campbell -aunque el aporte de este último tampoco es el de Michael Bloomfield, claro. Viendo de nuevo en paralelo el devenir de la NET en estos últimos meses, no deja de ser extraño, entonces, que Dylan haya dado más protagonismo a la guitarra de Kinball, como en la sorprendente versión sueca de ‘One More Cup Of Coffee’. De todas maneras, esas canciones, en especial ‘Shake, Shake Mama’, junto a ‘Life Is Hard’, el empalagoso remake de ‘When The Deal Goes Down’ que la voz de Dylan apenas consigue salvar, son lo más flojo del disco. Y son cuatro canciones de las diez. Casi uno de los dos vinilos que componen la edición en disco, dos piezas de cinco canciones que preservan la nitidez y la contundencia de la producción “analógica” y la calidez del surco que ahora vuelve a reivindicarse, y con razón. Por tanto, también es extraño el uso de protools en la grabación -Bob, ¿fuiste tú quien escribiste sobre la realidad virtual?-, seguramente sin que él sepa a ciencia cierta qué es eso. Y por decir algo sobre el objeto, sobre las chapuzas que suele perpetrar Columbia -vaya desaguisado de edición “deluxe”-, parece como si la sorpresa de que hubiera un disco nuevo también hubiera afectado a sus técnicos, porque el diseño es, evidentemente, acelerado, la foto de Dylan que aparece es de hace varios años, como si no se pudiera ver el aspecto actual del hombre, como si no tuviera suficiente elegancia y pose como para ser imagen interior o exterior -la foto puedes verla en el libro de Mojo que se ha editado hace poco en español. A las pruebas me remito: mira las fotos que acompañan este texto, todas de hace una semana escasa, de un homenaje a Michael Douglas donde Dylan interpretó ‘Things Have Changed’. Curioso, a la vez que no aparece dentro del disco, salen a la luz algunas de las mejores fotos que se le han visto en mucho tiempo, éstas y las hechas por Sam Jones para Rolling Stone: Dylan sentado relajadamente en un hotel de Amsterdam con una guitarra acústica y el soporte de armónica que no llevaba desde el 94. Como si el tiempo se saliera de la mente.

La mejor canción del disco es ‘Feel I Change Comin’ On’, sin duda. Porque es una canción típicamente de Dylan en su estructura. Es esa canción que cualquier lego identificaría como una canción de Dylan, por su feeling, por su cadencia, por su fuerza. El sonido es, insisto, más contundente que el de cualquier canción de Modern Times y, casi, de “Love and Theft”. La letra parece no ir a ninguna parte, es como un coche sin dirección pero, amigo, ahí está el Bob Dylan que conocemos dispuesto a darlo todo, a proferir su letanía como si estuviera cantando ‘Hard Rain’. Una canción nueva de Dylan es eso que buscas cuando te pasa como aquí, cuando después de cada uno de los puentes empieza a cantar el viejo zorro con esa prestancia inigualable por cualquier músico anterior, coetáneo o posterior a él, y tú te descubres dando un puñetazo al aire y diciendo “¡¡¡¡Sí, sí!!!” o soltando gruñidos inconexos. Él es el único capaz de convertir frases insulsas como “I must be losing my mind / You’re the object of my desire” (Debo estar perdiendo la cabeza / Eres el objeto de mi deseo) en obras maestras de la lírica formular. Esa frase, “You are as whorish as ever” (Eres tan zorrita como siempre), madre, ¿quién tiene los arrestos suficientes para decirla con ese pathos? Los guiños a James Joyce y Billy Joe Shaver no parecen pertinentes, son otro de esos guiños meditabundos de los últimos tiempos, como los de Alicia Keys o Neil Young, pero la música los subraya como si fuera a salir el mismo Leopold Bloom por los altavoces. Dylan sintonizando otra vez a los clásicos, Dylan sin flores, Dylan al que no le preocupan los sueños ni cuando se hacen realidad, porque no le han servido de nada. Podemos decir que éste es un disco menor de Dylan, vale, pero no existe un músico que sea capaz siquiera de acercarse a sus talones todavía hoy. ¿Estamos sufriendo quizá una sobredosis de Bob Dylan que nos impide disfrutar de las cosas como se debiera? Puede. Pero tírate un mes sin escuchar Together Through Life, ponte a oír otras cosas, las mejores que tengas de otros, y luego verás.

¿Hacia dónde vamos ahora? Todo parece señalar que Bob Dylan no va a abandonar la carretera. No hay señales de fin. Tampoco señales de un cambio evidente en su modus operandi habitual, pero tampoco es fácil suponer que las cosas vayan a ser así. A lo mejor resulta que ese cambio que parece sentir en Together Through Life se hace efectivo para quienes Bob Dylan significa una razón fundamental para seguir vivos y hacia adelante. Together Through Life parece, en realidad, el principio de un camino inverso, un sentido homenaje a la sencillez y una aguda puesta a prueba de las propias limitaciones. Puestos así, tampoco es tan importante que toque ‘Black Diamond Bay’ en el Roundhouse.

‘Feel A Change Comin’ On’ (Bob Dylan/Robert Hunter, 2009)

~ por Antonio en junio 20, 2009.

5 comentarios to “A mis fans les va a gustar”

  1. Gran análisis… enhorabuena.

  2. Coño Kuratti, un analisis de puta madre, guardalo en una carpetita que esto te da para un segundo volumen!

    Un abrazo!!

  3. Amen es lo que queda por decir.
    Si que es curiosa la entrega cantando en el disco, y los picos en las giras. Nunca ha sido tan “simpatico” como para cantarle a Italia y a Francia. Curioso tambien el protagonismo de Stu. Entro para tocar la guitarra solista en el 2004 y no lo hacia mal. Al irse Campbell paso a ser ritmico. Despues a casi no ser nada, ya hora a tocar otra vez. A mi me gusta, porque sin ser ninguna maravilla por lo menos se pueden repartir el trabajo y que oigamos más guitarra, que solo se escuchaba a Freeman y al de la steel.
    Lo unico cierto es que en unos dias esta ya tocando otra vez. Que ha reducido considerablemente el numero de shows en los ultimos años, y que ya no esperamos nada, más alla del estreno del disco, que no es poco. Es decir, ya no esperamos nuevos arreglos, canciones, banda… Todas esas cosas maravillosas con que Dylan sorprendia porque era su forma de trabajar habitual. Eso ya no se lleva (cancion más arreglo menos) desde el 2005 para aca. Pero haga lo que haga y salga por donde salga, sigue siendo Bob Dylan y hace que escuchemos las canciones y las disfrutemos. Cosa que ni Clapton ni Morrison logran ya. Y que ademas siempre nos de la oportunidad de volver a verlo. Aunque sea con el organo.

  4. Yo firmo que le queden 2 giras españolas con vosotros.

  5. Te envidio Antonio por saber escribir de forma tan exuberante en una época en que casi todos lo hacen en plan telegrama. He estado muy liado y no he escrito nada sobre “Together Through Life”. Tenía en mente decir un par de cosas y aprovecho este espacio para hacerlo. Estamos de acuerdo en que éste es un álbum y no una colección de canciones como fue “Love & Theft” (Dylan lo llamaba un Greatest Hits sin hits). Siendo así, yo no haría demasiado hincapié en ir canción por canción, porque quizá sean poca cosa de forma individual. Ahora bien, el conjunto, el álbum, me parece uno de los más sugerentes de Dylan. Yo lo escucho de principio a fin y me siento transportado en el tiempo y en el espacio. Está claro que te lleva hacia los garitos del sur (de USA), pero no sé por qué a mí me ha llevado hasta “Sed de mal”, la película de Orson Welles, y como lo siento lo digo.
    Lo de Robert Hunter se puede convertir en un chiste cuando Bob empiece a cambiar los versos de todas esas canciones, porque supongo que Hunter ya no tendrá nada que ver con esos cambios…
    Sí que parece que “Modern Times” se está fosilizando antes de tiempo. ¡Qué ironía la del título! Yo me hice un CD-R eliminando tres canciones que no podía con ellas, pero lo que quedó tampoco me funciona bien (y no son las canciones en sí sino las interpretaciones), excepto una que sí sobrevive (“Someday Baby”) y que curiosamente Bob se ha olvidado de estrenar en concierto.
    Un abrazo.
    Un abrazo.

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