Pues cuando Cash se murió, nadie lloró

Lo decía Valentín con más razón que un santo. El 12 de septiembre de 2003, apenas cuatro meses después del deceso de su mujer, June Carter, Johnny Cash se iba a buscarla al cielo de Nashville. Su postrera grabación del ‘Hurt’ de Nine Inch Nails había dejado sin aliento hasta a su compositor, Trent Reznor, que despreció desde entonces su propia versión de la canción. Los discos que grabó con Rick Rubin, American Recordings, son -pese a lo que haya dicho Dylan- un impresionante testamento que muestran la lozanía creativa y el poderío interpretativo de un genio absoluto en el ocaso de su vida y en la apoteosis de su talento, de un hombre que ya había legado a la historia obras maestras como Orange Blossom Special o el imprescindible directo Live At Folsom Prison. La pérdida de Johnny Cash fue una tragedia para la música, fundamentalmente porque se trataba de un músico en un nuevo pico creativo de su longeva carrera. Pero eso no le importó a mucha gente.

La muerte de James Brown en el 2006 estuvo rodeada de escabrosas situaciones. De hecho, las disputas legales impidieron la inhumación de su cadáver hasta que se resolviera una serie de litigios previos. Mr. Dynamite, el auténtico Padrino del Soul fue llorado por la comunidad que supo apreciar el desbordante fuego de su entrega en directo y su incomparable empuje. Hoy poca gente sabe quién es el señor que canta esas canciones que ponen a tope el garito, desvirtuadas por la sobreexplotación del mercadeo habitual. No mucha gente ha visto a James Brown reventando un escenario cantando ‘Please, Please, Please’ hirviendo de fuego, devoción y sangre.

Entre 2001 y 2004 se murieron Joey, Dee Dee y Johny, los tres corazones de uno de los grupos esenciales de los últimos 30 años, Ramones. Una banda que, mira tú que cosa, anduvo a la gresca y al final teloneando a los superventas mesiánicos e insoportables de U2, algo que en estricta correlación con su importancia histórica y la potencia y fuerza de su legado, debería haber sido justo al revés. Joey grabó un disco estremecedor en solitario publicado póstumamente, Don’t Worry About Me, que sólo él podía haber hecho con esa elegancia, esa confianza en el destino y esa clase oculta tras su desgarbada figura y su miope mirada. Lógicamente nadie se enteró, sólo algunos que hemos ido brindando con furia el último camino de muchos músicos que han dado todo y han seguido dándolo hasta el último momento, como Lux Interior, como George Harrison, como Bo Diddley, como Ray Charles, como Frank Zappa, como Joe Strummer.

Pero lo cierto es que existen individuos que levantan pasiones que trascienden su aporte real a la historia de la música. Los medios de comunicación y la industria discográfica toman la decisión de engrasar la máquina de los huevos de oro para seguir generando riqueza de las cenizas de un finado. Curiosamente, las exégesis que se nos ofrecen de él lo ponen a la altura, nada menos, que de The Beatles, Elvis Presley y Frank Sinatra, pero eso sólo es justificable desde la perspectiva de la venta de discos, en especial de un disco, un gran disco, pero no el disco de todas las eras. Fallece un animal de los negocios, un showman y bailarín revolucionario pero un músico de talento frustrado;  sin embargo como aquí lo que cuenta es lo primero, me dicen que hemos perdido a un genio mientras las rotativas y el amarillismo se frotan las manos. Esta claro que la aportación de este hombre a la industria y el circo de la música ha sido fundamental, pero no creo que lo que ha dado a la ESENCIA de la  música le llegue a los talones a lo que hicieron Temptations, Sly and the Family Stone, el propio Ray Charles o, incluso, Little Stevie Wonder.

Yo lloré a Cash, un genio; maldije no haber podido ver a Frank Zappa porque llegué tarde; me quedé en silencio cuando supe que Joey Ramone había muerto; escuché London Calling diez veces el día que Strummer murió. Este blog se está volviendo fúnebre parece. Valentín tiene razón pero yo acabo ahora.

P.S. Veamos en qué jerigonzas se nos meten a estas alturas Neil Perceval Young y James Paul McCartney, hace dos días en Hyde Park, nada más, músicos vivos, sobre todo el primero, capaces de darlo todo y de seguir conmoviendo de verdad.

 

~ por Antonio en junio 29, 2009.

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