Esencia, miel y dedos que sangran

Llegamos una hora más tarde de lo que yo pensaba, ya te digo. Daños colaterales de la tajá del día anterior, que ralentizó el tiempo. Allí estaba Sanders en la esquina del Starbucks vigilando atento. Aparcamos rápido en el parking de Descalzas y salimos pitando a ver qué se cocía por la cola. No había casi nadie, no sé, quince personas y serían las siete menos cuarto de la tarde. Es lo que tiene, estás hablando de la primera actuación en el foro de una dama que está en la primera fila de combate desde hace treinta años, en primerísima desde el 98, y cuando digo primerísima quiero decir en la misma dimensión que Petty, que Springsteen, que Young, -así es tal y como lo siento y lo veo- y la gente pasa por la vera ignava, bolsas del Zara o del Cortinglé en ristre. Bueno, la Joy Eslava es un coñazo porque los conciertos tienen que acabar a las once para que puedan entrar los niñatos a bailar chunda chunda. Eso sí, la acústica es inmejorable y es muy difícil no ver bien el concierto.

Nos metemos por el pasadizo de San Ginés, por las calles valleinclanescas y nos sentamos en la placita, ahí al lado de la chocolatería. Van llegando los colegas, mi Cuñaita, mi Primito Dani, Sandra que se trae tres discos para que Lu se los firme. Una cervecita para amortiguar la resaca y poner los sentidos a tono. Sanders me dice que ya es hora y nos vamos para la cola. Txus tiene que vender dos entradas pero no lo consigue y se queda allí con Rosa y nosotros dos mientras mi Querida, Primito y la Coppia Bionda permanecen en el bareto contra mis instrucciones precisas. Saludamos a Antonio y a Alberto que están los primeros -antes no los había visto- y que, en consecuencia, se pondrán delante del todo. Empieza a crecer la fila y abren la puerta mientras la parte indisciplinada de la troupe sigue en San Ginés. Valen ha decidido que no hay manera y que no viene.

La verdad es que no importó mucho que no entraran antes porque la afluencia de público no era como para no ponerte donde quisieras, excluyendo las dos primeras filas. De hecho fui a la barra un par de veces. El camarero va y me pregunta qué grupo toca. Bueno. Nos situamos a unos cinco metros del escenario y bien centrados, preocupados por que algún maromo larguirucho nos fastidiara la vista, pero no, por fortuna. Estamos con el birreo cuando salen Buick 6, la banda, y nos preparan un set instrumental que no es para volverse loco pero que nos hace aventurar cómo va a sonar aquello. Todo está engrasado. Son un grupo que transmite afabilidad, de sonido robusto, pese a que a algunos le haya parecido poca cosa, sin duda por la triste ausencia de Doug Pettibone. Nada, yo creo que basta para lo que hace falta. Son una banda completa y eso se nota en el grado de compenetración. Como se verá, Lucinda está muy a gusto con ellos.

A las nueve empezamos a ponernos nerviosos. Para entonces un tío grande como un trinquete ya ha preparado el atril, iluminado por un foco fijo desde arriba, no por una luz aislada en el propio atril. La gente sigue vibrando, se masca tensión. A eso de las nueve y diez, Lucinda Williams está en el escenario, antes que los demás músicos, con aire despistado y sonriendo tímidamente. ‘Real Love’. La voz suena perfecta. Se huele la que se viene encima aunque justo en ese momento algunos capullos entre el público empiezan a liar gresca. Es que no te libras, oiga. Ver a Lucinda por fin es impactante. La recepción es apoteósica. Tiene un aura, algo que se potencia encima del escenario, más cuando hay oscuridad y entreluces. La letanía de la canción, potente como suena, viene bien porque, como no es tampoco su obra maestra, te permite observarla, de entrada, a ella, a ella y nada más. Frágil y fuerte, como un oxymoron andante, transmitiendo señorío e inspiración sin atreverse a romper la evidente fuente de respeto que mana desde la audiencia, excitada y desconcertada al mismo tiempo.

Pero a partir de la segunda canción fue la música en sí, fue la magia de disfrutar de un concierto en directo, vale, un concierto soñado, pero una lección de sensibilidad, saber estar y hacer música celestial. Lucinda Williams está en la misma dimensión que Billie Holliday, Patti Smith o Joni Mitchell, como alguien ha dicho, pero es como si no lo supiera. ‘Right In Time’ fue un disparo a bocajarro, ligeramente más lenta que la versión del disco, y tal vez por eso más evocadora si cabe. Ahí estuvieron los únicos medios tiempos del concierto. Casi todo el mundo parecía haber esperado una de esas canciones con las que Lucinda te mata, es como si la gente quisiera llorar, pero ni ‘Blue’, ni ‘Overtime’, ni ‘Fruits Of My Labour’ aparecieron. ‘People Talking’ fue el número más sosegado, junto a la intensa ‘Tears of Joy’. Pero a partir de ‘Pineola’ y ”Drunken Angel’ aquello fue el acabose. Es como si se hubiera dado cuenta de que a lo que íbamos era a salir locos como cabras, un chute de electricidad directo en vena. ‘Out Of Touch’ fue para muchos la cumbre de la noche. ‘Essence’ sono directa, matizada, con pausas irremediablemente refrenadas por una batería en perfecta conjunción con la desesperadamente quebradiza voz de Lucinda Williams. ‘Real Life, Bleeding Fingers and Broken Guitar Strings’ fue una bomba atómica. Buick 6 travestidos en Crazy Horse dándolo todo, ella sorprendida de la entrega del personal. No se podía dar crédito a aquello. Era como esas veces que te dices que hay alguien hablándote y que la tabla de valores ha salido inversa. Hay prioridades en la vida, ésta es clara.

Por ahí ya se ha glosado cómo terminó sorprendentemente el concierto con una versión en castellano de Violeta Parra. Se confundió y volvió a empezar, temblorosa, abrumada por la cariñosa contemplación del público, que veía cómo la fiera del rock and roll de unos minutos antes se despojaba de su atuendo y se hacía pasar por una respetuosa y casi amateur intérprete de la tradición. Nos dejó de una pieza entera. Salimos, la gente bufaba y los de la Joy te querían largar para dejar paso a los niñatos. Por fin me encuentro con Nacho que ha visto el concierto desde la planta de arriba. Esto hay que repetirlo. Ha sido un sueño demasiado corto. Volvemos a la taberna de San Ginés después de pasar por el merchandising -¡ya podían haber traído algo más, esos conciertos de El Rey Theater por ejemplo!- y convenzo a Sandra, con no pocas dificultades y gran generosidad de su parte, voto a bríos, para que me dé su Little Honey y que así Lucinda me lo firme cuando salga.

Tomamos una cerveza y nos vamos a la salida. Sandra, Koki, Sanders y yo. Allí está ella, sonriente y escudada por dos pesados que nos piden que nos pongamos en fila y no nos dejan echar fotos. Allí en la calle parece otra persona. Tal vez no volverías la cabeza si te la encontraras, una señora no muy alta, pero con un aura especial que se acrecienta sobre el escenario… seguro que volverías la cabeza. Me acerco. Sandra consigue fotografiarse con ella. A mí ya no me dejan aunque luego al volver con Yoli la gente estaba otra vez haciendo fotos. Pero me firma Little Honey y me da dos besos. Va diciendo que aquí la gente es más civilizada que en los Estates. Vale. Nos vamos y luego regreso con Yoli para que pueda verla de cerca. Lucinda Williams sigue sonriendo con ternura mientras tú te paras a pensar que no parece una rock star. Pero resulta que esa no-rock star acaba de darte el concierto de tu vida y te ha dejado claro con una sola clase magistral cuánta mediocridad hay en el mundo de la música ahora, acá por el año 2009.

Lucinda Williams, Joy Eslava, 18 julio (fuente Artajerjes60, gracias)

~ por Antonio en julio 20, 2009.

6 comentarios to “Esencia, miel y dedos que sangran”

  1. que se peine!

  2. Peinate tú el bigote que te van a llevá al cuartelillo como no espabiles!!!!

  3. Caya sinverguenza, estoy libre como el viento. Esta tia no merece ni que la nombres.

  4. oye no se puede editar un mensaje en este blog o que? pues bueno pongo caya como el que pone calla, si escribo como en un movil es culpa tuya.

  5. Hola Kuratti, quizás me recuerdes como uno de los miembros del ortodoxo Rat Pack de hoy en día… quizás no… en fin, acabo de descubrir tu Blog y le estoy dando una ojeada de a poco.

    Habiendo leído este artículo, muy interesante por cierto, paso a recomendarte el último disco de M. Ward llamado: “Hold Time”, en el cual hay una participación de Lucinda Williams.

    Saludos!

  6. OK, tomo nota y me pongo a ello, que hacen falta alivios para esta dura canícula. Un abrazo.

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