El clasicismo y la perversión

Siempre pensé que la obra maestra de Roman Polanski es Repulsión (1965), ese enfermizo viaje de Catherine Deneuve a las catacumbas de los propios traumas y que anunciaba de paso la insoportable paranoia de la Rosemary Woodhouse de La semilla del diablo (1968). Pese a la mayor complejidad de esta última, la fuerza de la caracterización de Carol Ledux, envuelta en una trama psicoanalítica donde la relación causa/efecto de su neuropatía es casi ingenua, de evidente que es, nos recuerda que en la vida no hay que buscarle siempre los tres pies al gato, en este caso a por qué razón Carol no puede acercarse a los hombres. Roman Polanski siempre ha sido capaz de retratar con certeza las obsesiones que perturban al ser humano, pero con pulso clásico, como él mismo se encargo de recordar durante una rueda de prensa con motivo del estreno de su versión de Oliver Twist (2005), no como si fuera un retorcido creador de pesadillas, esa versión pública de Polanski que la prensa y los tópicos se han empeñado una y otra vez en subrayar.

Porque la percepción que de Polanski se tiene vulgarmente es la de un enfermizo viajero de lo oscuro, un pervertido en relaciones con Satán. Su atribulada vida lo ha hecho pasto del amarillismo vulgar y de las más irreflexivas genuflexiones de quienes se escandalizan ante el aparente desprecio de la convención moral. Pero lo cierto es que el cine de Polanski ha alcanzado sus más elevadas cotas cuando se ha puesto a indagar en los recovecos más sufridos de sus personajes. Cualquiera habría dicho que después de los fiascos de Piratas (1985) y Frantic (1988) estaba acabado, pero La muerte y la doncella (1994)  nos devolvió a uno de los más grandes directores de cine de la segunda mitad del siglo XX, mucho más que la popular e irregular El pianista, al fin y al cabo otro ajuste de cuentas con el pasado de un cineasta -aunque infinitamente más profundo, logrado y estremecedor que las pajas mentales de Spielberg. Y lo que pone en conexión La muerte y la doncella con Repulsión, Chinatown o La semilla del diablo, incluso con El quimérico inquilino o Cul-de-Sac, es esa prevalencia de mentes perturbadas por los aspectos más oscuros de las preocupaciones irracionales -las de Lunas de Hiel son simplemente bajas pasiones, y esas no cuentan.

Pero lo que un director cuenta en la pantalla no tiene por qué reflejar su personalidad necesariamente, en todo caso sólo su personalidad artística que voluntariamente se puede llevar al terreno de la propia percepción de las cosas -como en Fellini– o todo lo contrario -como en el caso de los directores que se caracterizan precisamente por el clasicismo, como Ford o Hawks. Las versiones de Oliver Twist o de Macbeth que Polanski ha dirigido son una prueba de que su objetivo no tiene por qué ser el de la neuropatía de Rosemary, Carol o Faye Dunaway en Chinatown, no el del pacto con el diablo -la tragedia de Macbeth se caracteriza por su universalidad, por ende elemento constitutivo de la tragedia, mientras que estos personajes citados se mueven en la frontera del desespero personal y no pueden ser parábolas de nada. La obra de Polanski es, en definitiva, un ejemplo de valentía, de mordacidad y fuerza, refleja la obra de un autor que se mueve en los rincones canónicos del clasicismo sin esquivar la innovación, la simbología y el atrevimiento.

Dicho lo cual, se entenderá que lo que ha pasado estos últimos días es el capítulo final de una muestra más de que el ser humano del siglo XXI es básicamente gilipollas. La magnífica película de Marina Zenovich Roman Polanski: Se busca, que por un azar del destino -otro más- vi hace un par de semanas te explicará el viaje de la codicia de una absurda caza de brujas que debería haber acabado hace mucho tiempo pero que se ha prolongado mucho más de lo necesario. Perseguir a un fabulador de ensueños tan estimulantes, críticos y profundos como Roman Polanski es ir a la caza de lo que hace, perdón, hacía distinto al ser humano. Las razones de ello no me importan, no me interesan: su crimen es, al fin y al cabo, el de no ser como los demás quieren que seas en un lugar y en una condición concretas. Si se mira con atención, eso es justo lo que le pasaba a Carol Ledux en esa obra maestra absoluta que es Repulsión, una película que por sí sola hace merecedor a Roman Polanski de una estatua en cada plaza y en cada esquina. En vez de eso, lo quieren entrullar. Lo dicho: el ser humano es gilipollas.

Trailer de Roman Polanski: Wanted and Desired (HBO, 2008)

~ por Antonio en septiembre 29, 2009.

13 comentarios to “El clasicismo y la perversión”

  1. Un genio y un violador de una niña de 13. Que no sea la nuestra verdad, aunque el violador sea un genio

  2. Me parece mentira que una persona supuestamente reflexiva, con elevados principios éticos, se tire a la piscina con comentarios maniqueos, simplistas y modelados conforme a los patrones de la reducción al suelo de la inaguantable prosa con tufillo que se está leyendo durante estos días. Te recomiendo un pensamiento más sosegado que tenga en cuenta el contexto histórico de las cosas, la naturaleza real de los hechos y una filosofía de la realidad más penetrante y sugerente. Tu comentario podría salir en Salsa Rosa.

  3. Uf

  4. Vaya chocho que te he montao, eh, brother??? Yo también sé ser pedante como los plumillas de El País.

  5. Ahora lo mismo dicho en román paladino: déjate de rollos y métete a guionista de Jorge Javier!!!!!

  6. En mi opinión, y a aparte del indiscutible talento y genialidad de Polanski, sí que creo que hay que tener en cuenta otros factores en este caso: lo primero es que, aunque se le acusa de violación, él, aún reconociendo que se había acostado con ella, siempre dijo que fue sexo consentido y nunca ha admitido que hubiese violencia (de hecho llegó a haber un pacto entre acusación y defensa por el que Polanski se declaraba culpable de haber tenido “sexo ilícito” con ella, por ser menor, pero inocente del resto de cargos, que incluían alguno tan delirante como la sodomía; posteriormente el juez se echó atras y él salió por patas), dicho de otro modo: nunca ha sido juzgado.
    Lo segundo es que han pasado 32 años… cuestión no menor a mi juicio. Y por último que la chica ha pedido públicamente que no se castigue a Polanski.
    No sé…

  7. Carlos¡¡¡ Teneis razón. La genialidad debe compartirse. yo también haría el amor con Polanski. Consentiría.

  8. No me diréis que este temita no da para unas Guinness de palique y debate, no sé a qué estamos esperando…

  9. No digo que tener sexo con una chica de 13 años, aunque sea consentido, no sea reprobable y no deba considerarse un delito. Lo que creo es que es un delito distinto a la violación, quizá peor, no lo sé, pero distinto. Y sin embargo en la prensa se le tacha continuamente de violador…
    Por lo demás, me parece muy interesante la propuesta de las Guiness…

  10. En la peli Wanted and Desired se explica todo muy bien, la movida es que a los Estates no les hizo ninguna gracia que Polanski ahuecara el ala, pero sí, el uso del término “violador” es una cosa rara en este caso porque tiene unas connotaciones que no son de recibo para el caso, digo yo, vamos.

  11. En Viernes?

  12. Estoy con el chule a muerte

  13. Pues te coges el petate y te vienes a por esas Guinness y lo discutimos en vivo y en directo.

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