Welcome Home, Charlie!!

Nacido en San Antonio, Texas, el 11 de agosto de 1968, Charlie Sexton es un prolífico músico, miembro de The Arc Angels y reputado productor de, entre otras maravillas, Essence de Lucinda Williams. Sin embargo, lo que son las cosas, gran parte de su fama se debe a que desde el 5 de junio de 1999  (Denver, CO) hasta el 22 de noviembre del 2002 (Fairfax, Virginia) formó parte de la banda que acompaña a Bob Dylan en su gira interminable. Junto a Larry Campbell, David Kemper -batería no muy diestro, no todo va a ser perfecto engranaje- y el sempiterno Tony Garnier grabó “Love and Theft” -con la adición de Augie Meyers– y participó en la película Masked and Anonymous -en este caso ya con George Recile a la batería- como núcleo de una de las formaciones más recordadas de esta gira sin fin. Es una época, especialmente los años 2000 y 2002 en la que Dylan literalmente se salía noche tras noche. La gira británica de otoño del 2000 es una apoteosis de lo que significa ver a Bob Dylan centrado en su música. Cualquier bootleg de este periodo te mostrará cuál es el fruto de estar año tras año pendiente de las tribulaciones de Bob Dylan por los escenarios de todo el mundo. Verlo entonces era como verlo en el 66 o en el 75.

Tras la marcha de Sexton sucedió un bienio también memorable, 2003-2004, con un Dylan ya definitivamente aposentado en el teclado pero con una furia indecible, especialmente en la corta fase en la que el gran Freddie Koella tomó el mando a la guitarra. Ya se ha dicho muchas veces: Koella es el mejor guitarrista que ha tocado con Dylan -junto a Robbie Robertson– y, acaso, el que mejor ha sabido entenderlo. Pero fue la definitiva marcha de Larry Campbell la que dio paso a la formación más duradera de la banda: Stu Kinball/Receli/Donnie Herron/Denny Freeman/ Garnier. Esta estabilidad ha provocado a lo largo de los años, por desgracia, una cierta complacencia y pesadez en el modus operandi de Dylan, llevada al extremo en la cada vez más previsible secuencia de canciones en sus conciertos y en la nula voluntad por sorprender o innovar.

El 4 de agosto pasado, Charlie Sexton volvió a subir al escenario con la banda. Fue en Round Rock, Texas. Subió en la quinta canción, ‘Honest With Me’ y ya no se bajó. Muy poco después surgieron rumores de que Sexton volvía al grupo de Dylan como reemplazo de Denny Freeman. Y no ha sido hasta este 4 de octubre cuando se ha visto oficialmente que esto era verdad. ¿Y qué es lo que implica?

La verdad es que Charlie Sexton no es Koella, ni Larry Campbell, yo diría que ni John Jackson. Pero ha sido el único tío en la banda de Dylan capaz de interrelacionar de tú a tú sobre el escenario, de meter los pies debajo del teclado de Bob, de acercarse y dinamizar su progresión. Al contrario que Freeman, Sexton no es capaz de quedarse quieto en un extremo del escenario. Es un tipo guaperas, con mucha apariencia en escena, un músico americano de pies a cabeza que no desentonaría en los Heartbreakers ni en cualquier otra banda mayor; no pasa desapercibido y eso obliga a Bob Dylan a tomar otro tipo de batuta. Por lo pronto, su tendencia durante los últimos conciertos de la era Freeman a colocarse en el centro del escenario acompañado sólo de otro micro para la armónica, se ha consolidado en los primeros cinco conciertos con Sexton pero, además, el uso de la guitarra no parece ya obedecer a patrón alguno de estructura del show, sino que la coge de forma más arbitraria.

Mas lo importante no es que esto suceda sino cómo sucede. Atención a los videos que se adjuntan: el ‘Ballad of a Thin Man’ de Portland es, simplemente, la más impresionante actuación de Dylan desde el 2004. No se limita a cantar sino que gesticula con el cuerpo, se quiebra, subraya con énfasis cada verso. Por otra parte, el estreno de ‘My Wife’s Home Town’, uno de los mejores números de Together Through Life, que parece haber quedado fijo en el set list, es una apoteosis: Bob Dylan es el mejor intérprete de blues vivo, y Charlie Sexton sabe leer entre líneas, dar la intensidad precisa a una canción venenosa que no hace presagiar ningún cambio en el tiempo. Pienso, sinceramente, que la entrada de Sexton en escena es un revulsivo necesario y que, más allá de sus virtudes como guitarrista, su presencia va a empujar a Bob Dylan a nuevos territorios que pueden dar, ojalá, una nueva vida a sus conciertos. Por lo pronto eso parece. El estreno como opener de  ‘Gonna Change My Way Of Thinking’, un oscuro número de Slow Train Coming no tocado en directo desde tiempos inmemoriales -aunque regrabado con Mavis Staples en el disco tributo a las canciones de Saved y el propio Slow Train– parece, desde esta perspectiva, toda una declaración de principios: voy a cambiar mi manera de pensar. Pero eso no hace falta, Bob.

~ por Antonio en octubre 11, 2009.

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