En todo hombre brota la semilla del mal #1

Como homenaje y recuerdo a la gigantesca figura de Paul Naschy, voy a elaborar una serie de entradas donde rememoraré algunos capítulos significativos del proceso de construcción del cortometraje The Vampyre by John W. Polidori que rodamos Alejandro y yo en Toledo en noviembre del 2006  y estrenamos allí mismo, en el Café Garcilaso, en junio del 2007. No encuentro mejor manera de rendir tributo a una persona que ante nosotros demostró repetidas veces que el idealismo, simbolizado en su caso en la fe por el mundo del fantaterror, tiene en estos tiempos más valor que cualquier otro atributo abstracto. Con cada una de estas entradas quiero destacar algunas cualidades de Paul, que he visto glosadas hasta la saciedad en los tristes días de su fallecimiento. Hoy veremos su caracter aventurero, que lo empujó a aceptar de dos aficionados, bastante extravagantes por lo demás, un papel en un proyecto que, aún a día de hoy, no sabemos cómo pudo llegar a existir como tal. Lo cierto es que, entre las cosas que podré recordar durante toda mi vida, ocupará un lugar preeminente el hecho de que durante varios meses pude compartir momentos muy especiales con Paul Naschy y, en algunos de ellos incluso, tuve el privilegio de ser depositario de su confianza y aprecio. Desconozco con qué regularidad iré haciendo esto, pero lo haré. Por lo demás, que la vida sea larga para Waldemar Daninsky.Entrada del blog de The Vampyre de fecha 18 de julio del 2006, sobre Paul Naschy en el proyecto

“No es fácil condensar aquí todos los avances que hemos hecho desde que empezamos a pensar en llevar al cine el relato de Polidori. La realidad es que una mañana de febrero, Alejandro me habló de hacer un corto y hoy tenemos al mismísimo Paul Naschy en el proyecto. Su presencia hace que esta idea, simpática al principio, empiece a ser trascendental. La personalidad del señor Naschy es apabullante, y haber tenido el privilegio de compartir tiempo con él justifica por sí mismo la naturaleza de esta idea. Naschy no es demasiado conocido a estas alturas para el público medio en este pais, pero su filmografía apabullante es admirada por legiones de fans en todo el mundo, especialmente en EEUU y Alemania, donde su obra se parangona a las más legendarias producciones del género terrorífico. Lo cierto es que junto a Lugosi, a Lee, a Karloff, a Price, tiene un rincón dedicado en la inmensa colección de Forrest Hackerman, pope del género y freak mayor. Y va a protagonizar ‘THE VAMPYRE BY JOHN W. POLIDORI’. Apuesta por nosotros, y para nosotros, él es una respuesta. Su presencia y su rostro garantiza el éxito de la planificación actual”.

No recuerdo la fecha exacta en la que conocí a Paul Naschy, acababa el curso del 2006 y llevábamos desde febrero Alejandro y yo revisando el guión y buscándonos las habichuelas. Joder, 2006, lo he visto en el blog que hicimos entonces, parece otra mentira. La cosa es que al principio yo ya le había dicho que podía ser un puntazo contar con una figura tan legendaria en el papel de Lord Ruthven, ese proto-Drácula que aún hoy nos jactamos, sea como sea, de haber llevado por vez primera a la pantalla. No sé por qué razón, la idea la descartamos porque imagínate tú cómo contactar con alguien así; ni idea en realidad de como contactar con un operador de cámara, así que suponte tú a un actor de fama y tiempo ocupado. Sin embargo, mientras andábamos por un IES de Toledo buscando a alguien que se ocupara de la parte técnica, un profe de allí, al oírnos relatar nuestro proyecto nos dijo: “Supongo que habréis hablado con Paul Naschy”. Y empezó la maquinación, algo que parecía una broma al principio. Quiso la casualidad, en la que no había yo reparado antes, que una buena amiga, Juana, estuviera trabajando en historias de casting, por lo que apenas me oyó hablar del tema me dijo que no me preocupara, que ella se encargaba. Contactó con el manager de Paul y concertó una cita, debía ser junio o por ahí, hacía calor. La respuesta era que, si le interesaba la historia, haría el corto.

La primera cita fue fallida. Algo le ocurrió y no pudo acudir al hotel que queda enfrente de su casa, el Meliá creo, en Alberto Aguilera. Pero la segunda vez, sí que apareció. Ataviado con su legendaria gorra de la Universal entró en el vestíbulo buscando la mirada de dos frikis que apenas se creían que aquello pudiera estar sucediendo de verdad. Alejandro y yo nos acercamos tímidamente pero con decisión. “Sr. Naschy, somos Alejandro Ballesteros y Antonio Curado”. Él nos miró con sonrisa complacida. Creo recordar que yo llevaba mi camiseta de Frankestein, pero tampoco estoy seguro, ni siquiera lo estoy de que entonces la tuviera.

Un par de años atrás había tenido la oportunidad de hacerme una foto con él en el curso de unas charlas que hubo sobre cine de terror en el castillo de San Servando. Aquella foto tuvo un impacto demoledor en mi mitomanía personal. Ahí estaba yo junto a una de esas leyendas cuyo nombre solía escribir en las viejas cintas de VHS con sumo cuidado: El francotirador, con Paul Naschy, Inquisición, con Paul Naschy, La marca del Hombre Lobo, con Paul Naschy. Y un par de años después lo teníamos enfrente de nosotros, mirando las líneas que habíamos pergeñado para llevar a Polidori a la acción. Nos puso un poco a prueba, quería estar seguro de que éramos fans de verdad del cine que él amaba y del que había hecho. Hablamos de El huerto del Francés, de Exorcismo, de sus aventuras en Hollywood, de Forrest Ackerman, del extravagante jardín de Donald F. Glut y de la preciosa Octavia de Martín Patino -al que se refirió como un genio, por cierto.

Apenas le notamos el plan de llevar a Polidori al cine, y se le iluminaron los ojos. No sabíamos en lo que nos estábamos metiendo, él tal vez sí, bueno, seguro que sí. Menudo lío. No os dejéis llevar por impresiones equivocadas: estamos hablando de dos individuos sin maldita idea de cómo rodar, cómo hacer una preproducción, cómo montar, cómo posproducir, cómo ambientar, cómo planificar un rodaje y, encima, sin un duro, tan sólo una mínima subvención de dos mil euritos y una extravagante imaginación para inventarnos fórmulas de financiación. Dos individuos indocumentados que simplemente querían rodar un corto sobre el primer vampiro del romanticismo, con muchas ganas y con un guión lleno de palabras rimbombantes y de estructura bastante confusa, que siempre quisimos achacar al propio origen literario de la cosa, sin vergüenza ninguna.

Y ante estos dos tipos, Paul Naschy lo dijo con claridad. Su personaje salía poco. Claro, no podíamos imaginarnos que iba a estar dispuesto a gastar una semana de su tiempo en este proyecto. Le habíamos presentado un guión donde Lord Ruthven estaba minimizado a una imagen casi fantasmal con una aparición espectacular pero una, al fin y al cabo. Pero él nos dijo que no, que si queríamos que lo hiciera, tenía que hacerlo de verdad. Que rescribiéramos aquel guión y amplificáramos la presencia de Lord Ruthven. Tras lo cual, volveríamos a quedar. Y así lo hicimos. Un mes después nos presentamos  en el mismo lugar con un nuevo guión reformado, que se había despojado de los elementos más puramente literarios y había hecho hincapié en los más genuinamente terroríficos. Habíamos añadido nuevas escenas al principio y anulado otras, siguiendo, de nuevo, las mismas directrices que daba el oscuro relato de John W. Polidori. En especial, a Paul le gustó mucho una en la que se mostraba la depravación a la que había sido llevada la joven y virginal Miss Mercer. Fue contundente. La haremos. Paul Naschy estaba en The Vampyre. En ese momento supimos que nuestro proyecto nos había desbordado porque nos habíamos arrogado extrañas responsabilidades casi sin quererlo. Era julio. El rodaje sería en noviembre. Había mucho trabajo por hacer. No sabíamos que durante el siguiente año prácticamente no viviríamos con otra cosa que con un vampiro que iba a interpretar Paul Naschy.

 

~ por Antonio en diciembre 2, 2009.

3 comentarios to “En todo hombre brota la semilla del mal #1”

  1. Descanse en paz. Creo que con el vuestro, The Vampyre by J. W. Polidori, fue su penúltimo trabajo, ¿no? Espero con impaciencia esa seria de entradas que seguramente me harán disfrutar más de la película. Y, por cierto, ¿no hay nuevos proyectos cinematográficos de los que puedas informarnos? Un abrazo.

  2. Hola:

    Nunca olvidaré esa noche fría de noviembre en la que pude compartir un rato con vosotros, otros amigos y con Paul Naschy.

    Un recuerdo en mi memoria para siempre.

    Un abrazo, amigo.

    Julio.

  3. Creo que hizo algún otro corto y, desde luego, emprendió varios proyectos que no podrá ver terminados. Por lo demás, nosotros no tenemos proyecto a la vista. El otro día hablábamos y nos acordamos de Paul, a decir verdad. Julius, cuánto frío y cuánta carne en el asador pusimos…. esta semana continuaré la serie.

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