En todo hombre brota la semilla del mal #2

Una de las cosas que por prudencia o verecundia no me atreví a preguntar  en su día a Paul Naschy era por qué razón en la mayor parte de sus películas, prácticamente hasta Licántropo (1996), su voz estaba doblada. En efecto, era práctica común en el cine que se rodaba en España durante los setenta y ochenta, especialmente en películas de bajo presupuesto, no hacer tomas de sonido directo, por los problemas técnicos que implicaba, supongo, y dejar la banda de sonido para el doblaje en sala. Sin embargo, mientras que la voz de otros actores era la suya propia en el doblaje, la de Paul Naschy no. Esto era y sigue siendo un misterio para mí, sobre todo porque creo que su voz era sumamente personal y apropiada, además, para el tipo de papeles que solía hacer. Esto se demostró sobre todo después de la citada Licántropo, una película de la que se esperaba mucho pero que no estuvo a la altura de las expectativas, para desespero de Naschy, según narra en sus memorias. De hecho, a esta producción siguió un período oscuro para nuestro protagonista, del que sólo saldría en virtud del reconocimiento que se empezaba a dar a su obra en diversos países. Y es en ese punto cuando comienza a aparecer en películas que, sin ser gran cosa, mostraron que su voz era lo bastante personal como para no haber tenido que sufrir el desaguisado del doblaje perenne. Sólo tienes que echarle un vistazo a School Killer, una película que tan sólo se salva por la imborrable presencia de Paul Naschy.

En esta última fase de su filmografía desconozco si alguna vez el propio Paul ha tenido que doblarse a sí mismo. Creo que no, creo que en la mayor parte de estas ocasiones el sonido es directo. Al menos por lo que he visto, la naturalidad de la voz parece denotarlo. Hay una de todas maneras donde sí que se dobló, y lo sé bien porque yo dirigí ese doblaje.

Así las cosas, cuando vimos las imágenes que habíamos filmado casi nos da un patatús, principalmente por dos razones: el sonido estaba completamente saturado y la cinta que correspondía a la primera jornada de rodaje con Paul daba saltos constantemente, por lo que en su mayor parte estaba inutilizable y nos obligaba a montar como pudiéramos lo que fuera posible salvar. Cuando Paul Naschy supo esto se quedó consternado, aunque se lo conté a posteriori para no preocuparle. La maldición del Vampiro empezaba a hacer efecto.  Con el sonido no se sabe qué ocurrió. El técnico de sonido, Jaime Gascón, decía no comprenderlo porque él lo escuchaba perfectamente por el mezclador. Parece más o menos evidente que algún fallo técnico debió ocurrir, no sé, los cabezales de la cámara, algo del dichoso mezclador. La resulta era obvia: la película no tendría sonido directo, todo iría con efectos añadidos posteriormente en postproducción, incluyendo, por supuesto, las voces que habría que grabar de nuevo.

Nuevamente, nos enfrentábamos a otro problema derivado directamente de la escasez presupuestaria: la postproducción de la imagen la hizo Alejandro, intentando corregir los problemas de luz y otros añadidos con un programa llamado Combustion, y la de sonido yo, sin tener ni idea, superponiendo capas con el Adobe Audition de la forma más bizarra imaginable. Siendo el resultado tan pobre como es, peor podía haber sido.

Pero volvamos al doblaje. ¿Sabes lo que piden en Madrid por alquilar una sala de doblaje? Pues como casi todo lo que te piden en el negocio este, un patrimonio. Por fortuna, en Falco Films, el mismo lugar donde habíamos alquilado el equipo, contaban con una pequeña salita que permitía -echándole imaginación, eso sí- doblar los escasos diálogos  que aparecían en el corto y, de paso, algunos otros recursos de sonido –María Castillo tuvo que hacer un repertorio al que sacamos bastante jugo, a decir verdad. La sala estaba insonorizada, pero tenía como un metro cuadrado, llena de cachivaches y, además, hacía un calor del infierno. Paul ya había dado el placet a la sesión de doblaje, con lo que una buena tarde, como de marzo pero caluroso, nos presentamos en Falco con Paul Naschy, Eugenio Gómez, Chema G. Cabezas y Gonzalo, que también tenía que decir una frase.

No recuerdo si entramos primero con Paul. Lo cierto es que cuando llegó su turno, yo me metí con él en la salita, equipada además con una pantalla mínima donde apenas se veía la progresión de los actores, menos, por supuesto, de los labios. Paul estaba pasando mucha calor, pedía agua pero no se quejó. Tuvimos que convenir una estrategia: dado que era imposible que pudiera leer los labios de Lord Ruthven y que no recordaba bien el texto, optamos por que lo leyera cada vez que yo le diera la entrada dándole un toque en el hombro. Visto lo visto, tampoco hacía falta que se vieran las imágenes, porque después con la banda de sonido hicimos lo que quisimos, cortarla, acelerarla, frenarla. En todo caso y sorprendentemente, cada vez que yo le daba un toquecito en el hombro, Paul Naschy pronunciaba las palabras con idéntica entonación y con el mismo feeling que había puesto en su interpretación en directo. Y puedo asegurar que no lo estaba pasando nada bien. Pero para él lo importante era que aquella película saliera bien, que saliera muy bien. Y cualquier sacrificio valía la pena.

Cuando me vi en el trance de coordinar la voz de Paul Naschy con las escenas que teníamos en las pistas de video, me horroricé al comprobar que algunas de las palabras eran distintas. Habíamos trabajado con el guión escrito, no con las variaciones que la propia interpretación había introducido en la escena. La enésima maldición. Sin embargo, como por arte de magia, los labios concordaban perfectamente, y no sólo en su caso, sino en el del resto de actores. Así, el Lord Ruthven de Paul Naschy surge como un hallazgo, el de un actor de voz imponente que decidió doblarse a sí mismo cuando no había más remedio. Y fue capaz, insisto, de devolver la magia de su presencia al empaque que requería la voz enlatada que aún hoy conservo, en un estuche, guardado entre mis recuerdos más queridos.

~ por Antonio en diciembre 9, 2009.

2 comentarios to “En todo hombre brota la semilla del mal #2”

  1. …tengo cosas muy importantes,
    que hacer aquí…

  2. Excelente artículo que nace de las experiencias y de los sentimientos. Leeré con el mismo interés la tercera parte. Gracias por la narración del making-off. Un abrazo.

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