Por ahora está bien

¿Dónde llueve? El período vacacional que acabamos de terminar pasa factura. Pero a diferencia de lo que se podría pensar, es decir, todo el derrumbe físico que sucede a los acostumbrados excesos, la factura moral es bastante más onerosa. Y tampoco me refiero a las idas de pelota provocadas por la crápula, que no son pocas, sino al incómodo constatar que el paso del tiempo se jacta de vampirizar lo que siempre ha sido cotidiano. Al final del año uno tiene la oportunidad de reencontrarse con viejos camaradas de carretera y con el sentido de la vida. E, inevitablemente, se constata que, por más esfuerzos que uno haga, toda la batalla que llevamos encima es tan sólo una descarnada invención para quebrar una realidad pesante y amarga, que las cosas no son lo que eran porque es imposible que lo sean. Funciona el coloquio ad personam, funciona la escapada hacia las preocupaciones de antaño, pero se hace visible e imponente que el paso del tiempo ha cercenado sin compasión nuestra libertad más íntima y preciada.

La impaciencia ha dado paso a la velocidad. La espera a la inmediatez. El sacrificio ya no existe y se ha convertido en una hoguera de las vanidades donde lo más fácil es aceptar que uno no está a la altura y refugiarse en lo que nunca falla, en una vieja canción, en unas facultades mermadas que defendemos a capa y espada. De pronto, tenemos el mundo en las manos y en breve ya no quedará nada. Nos preocupamos por estupideces que hace tan sólo una década nos parecían ridículas. Hemos dado la vuelta a la tortilla sin ver que el huevo podía estar podrido y provocarnos un cólico indecente. La vomitera no parece tener remedio, es nuestra maldición. Nos vemos forzados a admitir que hemos fracasado en un intento de revolución personal que al final se ha quedado en un epicureísmo mal entendido que, desde luego, tendremos que seguir practicando si no queremos morirnos de aburrimiento. Durante estos días he mirado a mi alrededor y me he sentido perdido. Mi ímpetu inicial ha devenido hastío moral, un extraño no saber hacia dónde, una clara evidencia de que la escapada no parece haber sido hacia delante.

Quiero pensar que sólo son sensaciones. Quiero imaginar que en alguna parte sigue escondida la perla que algún día podremos descubrir, sacándole todo el brillo y sin medir su valor en dinero. La perla no tiene precio. Es un martirio que de alguna forma nos sigue dando fuerzas. Imaginación, despojarnos de la tecnología, escupir sobre la sórdida cotidianeidad y el inútil valor de las palabras vacías. Es momento de buscar retos, de hacerse un escudo contra la melancolía y la nostalgia, de esperar que todo no haya sido en vano.

Por lo demás, tengan ustedes un feliz año 2010.

~ por Antonio en enero 7, 2010.

4 comentarios to “Por ahora está bien”

  1. La búsqueda del absoluto. Llegará

  2. La búsqueda, hermano Tonino, la clave está en la búsqueda y no en la perla.

  3. No habrás dejado de fumar, ¿verdad?

  4. Quita, quita, te lo pruebo con las famosas Guinness.

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