Viendo cómo pasa el río

Llevo algún tiempo dejando abandonado este blog. En realidad, el barbecho de estos últimos meses ha sido en cierta forma voluntario, si bien siempre me ronda en la cabeza la necesidad de actualizarlo. Vale. No es la primera vez que me pasa, y la escasa prodigalidad suele coincidir con el tiempo de las calores, en el que la actividad y las ganas de hacer cosas se reducen a cero. El lunes me marcho de vacaciones, por fin, me voy a China y la cosa promete, pero no quiero despedirme de esta temporada -como docente cabal, para mí el año acaba en junio-, sin poner sobre el tapete tres o cuatro asuntos que están ahí dando vueltas. Dado que tampoco cuento con mucho tiempo este fin de semana, por aquello de los preparos, no voy a hacer unos posts demasiado extensos, pero sí concretos y aforísticos siguiendo la enseñanza del divino Friedrich. Además, ahora hasta tengo un portatil, pardiez, por lo que puedo escribir cómodamente sentado en el sofa a la hora de la fresca.

Una de las cosas que más me ha frustrado en este curso ha sido no continuar con la serie de entradas sobre mis experiencias con Paul Naschy, y ya he decidido no concluirla porque ha pasado demasiado tiempo desde que Paul nos dejó. Qué se le va a hacer. En todo caso y como conclusión por ahora, os dejo por lo pronto con lo que para mí es el mejor fruto de aquella historia, una escena que para mí sigue siendo mágica, habida cuenta de lo caótico que fue su rodaje, su plasmación y su génesis completa. Si de algo estoy orgulloso en mi aventura como cortometrajista es de esta secuencia de The Vampyre, que puede verse aislada casi como un film exento y cerrado en sí mismo. Aquella película es un delirio de idas, vueltas y venidas, irregular, oscura, triste y grotesca a veces, pero en esta secuencia estoy convencido que conseguimos invocar a los manes que se escapaban a golpes. Y es aquí donde uno comprende cuánto merece la pena gastarse 300 lulus en un solo plano -adivina cuál. Espero que os guste a los que no la visteis, ahora como tributo final de The Right Profile al gran Paul Naschy. Acompañan Eugenio Gómez y Belén Zaba. Bene vertat.

 

~ por Antonio en julio 22, 2010.

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