Too much confusion?

Menuda la que andan liando los de  Columbia con el CD extra que contiene parte del chou de Bobby Dylan en Brandeis University en 1963 que acompañará la nueva entrega de las Bootleg Series. Está causando más revuelo que el disco en sí, que contendrá un material más que conocido por el dylanita medio, las Witmark Demos, unas grabaciones primerizas que Dylan realizó fundamentalmente por motivos de registro. Por el contrario, el concierto en Brandeis es completamente inédito, jamás ha circulado en forma alguna. Pero tampoco creo yo que vaya a aportar gran cosa. El set list es bastante convencional para la época y contiene hasta tres “Talkin’ Blues”. La pieza es carne de completista, y para conseguirla hay que encargar ya, antes de que salga, porque, según parece, su distribución va a durar muy poco y sólo en manos de determinadas cadenas -en España FNAC. Yo ya lo pedí a Amazon, claro. Además de con la nueva edición de BS, también se puede conseguir con el otro último proyecto de Columbia destinado a sacarnos los cuartos, la cajita con los ocho primeros discos en mono -como se concibieron, insisten, originalmente. Esa la he dejado para las navidades; ahora prefiero gastarme el dinerito en otras cosas, como la esperada caja Darkness On The Edge Of Town. En todo caso, nada de esto parece haber producido un gran entusiasmo en las filas del dylanismo -aunque todos pasemos por caja como procede. Más bien ha provocado quejas, pero no por el generoso dispendio que hay que hacer por todo ello, no, no por eso.

En el lúcido ensayo Bob Dylan: The Never Ending Star (Polity, 2007), Lee Marshal dedica lo mejor de su prosa a diseccionar lo que se puede llamar como “la lógica de la NET”. En efecto, al contrario que para la mayor parte de las personas que conocen superficialmente la figura “pública” de Bob Dylan, para el fan posicionado férreamente nada de eso significa una mierda. A cualquiera de nosotros se nos caería la baba con un equivalente de esa caja de Darkness de, pongamos, Blonde On Blonde, sí, no cabe duda. Pero nuestro ser cotidiano como personas condicionadas por la actividad de Bob Dylan se alimenta de esa “lógica de la NET”. Todo está condicionada por ella. Para quien hace una mínima muesca en la superficie, el Dylan del período 1988-2010 es el Dylan más poderoso por mil razones, al margen de las cimas puntuales que significan esas cotas más allá de toda comprensión que representan el Dylan del 65-66, la Rolling Thunder Revue o Blood On The Tracks. El experimento que ocupa ya más de dos décadas de la carrera de Bob Dylan es, claramente, lo que justifica más que ninguna otra cosa la inefable sensación de ser partícipe de un fenómeno irrepetible que tengo yo, que tiene Valentín o que tiene Sanders.

Dice Marshall:

The NET’s perpetual present, the timelessness of the songs, the embeddedness within tradition, all work to make Bob Dylan exist outside of history. If you stop time, you cannot exist within time.If you contain all history, you cannot exist within history. That chronological narrative of Dylan’s career offered above -where does it go after ‘Born Again Bob’? Maybe a ‘confused, father-of-rock Bob’ for some of the eighties, and then…what? Nothing except the perpetual present of the NET.

Exacto. Por eso el fan quiere material en condiciones. Por eso el fan de Bob Dylan quiere conciertos del 95 en buena calidad, bien filmados, con el sonido que tiene el ‘High Water’ de Niagara Falls en BS #8, por eso pagaríamos lo que fuera por una caja de la NET, en vez de volver a adquirir por ni se sabe qué vez John Wesley Harding. Para la mayoría de los músicos, los discos de estudio son el canon. En el caso de Dylan, están concebidos como la plasmación de un momento individual, como una interpretación singular que no es, ni mucho menos, definitiva. Siendo como son la vía de entrada para descubrir qué es Bob Dylan, no rozan ni un mínimo atisbo de lo que puede llegar a aportar este hombre al espíritu. En definitiva, The Never Ending Tour es la obra maestra de Bob Dylan, y no hace falta que sigan dando la matraca con el joven y bohemio hipster que pisó las calles de New York hace ya casi cincuenta años. Eso ya quedo rematado con No Direction Home. A mí me saquen las Supper Club Tapes o Red Bluff 2002, o Praga 1995, o una caja de la gira británica del 2000. Oiga, que también los tengo, pero pago lo que sea si es oficial…

~ por Antonio en octubre 1, 2010.

2 comentarios to “Too much confusion?”

  1. A mi me tuvo que explicar Sanders como venia y que contenía cada “producto”. Por fin parece que me he enterado y he llegado a la conclusión de que no me interesa ninguno. Fichare las Witmark Demos por completísimo (y van…) pero no la caja mono (¿habrá también versión en vinilo?) Pienso igual que tu. Columbia juega con el nivel de fanatismo y fidelidad del fan de Dylan, tantas veces puesta en el tablero, pero va totalmente al margen de entender el arte de su artista. Este se comprueba como bien dices en noches de inspiración y sobre todo en el periodo net que mencionas.

    Acaban de colgar en el Dime las sesiones Súper Club en Soundboard. Saldrá también pronto, supongo alguna caja pirata que se adelante una vez más aun material de verdad innovador y original. En fin. Las cartas están marcadas. Bien con extraordinarias, regalo de reyes, o simple inhalación Sony seguirá teniéndonos cogidos por nuestras partes.

    Mencionas el filón Springsteen que te viene, pero olvidas que Sony esta en proceso de descubrir (ya lo ha hecho) la misma táctica con Cohen. Song From The Road, CD, dvd, blue ray, vinilo… Hace nada Isla De guay, Live in London… Hasta el golfo de Tony Palmer se suma a la fiesta “encontrándose” una copia de una peli de hace mil años. (cojonuda por otra parte).

    Espero verte pronto Pare. De mi vista al Village te he traído como no podía ser de otra manera… Merchandising…

  2. Niagara Falls es el SHOW, con mayúsculas, eso bien sacado sería la gloria. Yo compraré lo que saquen en su edición más barata y al estante!!!

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