Breves notas sobre ‘Band On The Run’

Es curioso observar cómo, de pronto y súbitamente, se recuperan viejas querencias y se pasma uno. Es curioso porque, al margen del razonamiento, el poder evocador de una música supera con creces lo que significa en sí misma cuando la has hecho tuya, de una forma u otra, en algún momento de la vida. Es cierto que Paul McCartney ha hecho mucha morralla. No sé por qué, siendo probablemente el beatle con más talento. Pero su tendencia a la ñoñería y a la gracieta no ha hecho grandes favores a su carrera en solitario. Apartado del circo, su reclusión parió dos notables retoños, McCartney y Ram, pero cuando decidió que tenía que seguir en otra banda con status de tal (i.e. Wings), lo melifluo se mezcló con lo pretencioso en la evidente manifestación de una impotencia de la que él, a buen seguro, siempre ha sido consciente. Wildlife y Red Rose Speedway son dos discos mediocres, pesados -sobre todo el segundo. Esos vaivenes sin ton ni son no le han hecho ningún favor a beatle Paul. Dimes y diretes con el pasado -hasta la consciente recuperación del mismo en la gira del 89 y Flowers in the Dirt. Virajes de un lado para otro que te reconcilian como últimamente -el maravilloso Chaos and Creation in the Backyard (2005)- o te exasperan como últimamente –Memory Almost Full (2007).

Pero amigo, cuando vuelves a escuchar Band On The Run se te pone morcillona. Por lo menos a mí. Cuando vuelves a ese disco tras un tiempo te quedas tieso de verdad. No suena ese primer quejido de guitarra y te sube una cosa así por la columna vertebral que te dice lo bueno que puede llegar a ser el mamón cuando se centra. Vaya serie de temazos, ‘Jet’, ‘Let Me Roll It’, ‘Nineteen Hundred and Eighty Five’, ‘Mrs Vanderbilt’, hasta aparentes naderías o entretenimientos como ‘Mamunia’ o ‘Bluebird’. Pero sobre todo, creo yo, está esa canción que se llama ‘Picasso’s Last Words (Drink To Me)’, prescindiendo acaso de la coda que la echa a perder. Es un ejemplo de concisión, de sensibilidad y de astucia para convertir una anécdota en un clásico trascendente. Ahora, Band On The Run se recupera en chorrocientas ediciones. Yo me puse el otro día a escucharlo animado por un especial de televisión, donde beatle Paul responde con su habitual candor a un cuestionario que recorre sus aventuras y desventuras en Lagos (Nigeria), la deserción de Denny Seiwell y Henry McCullough antes de partir, cómo les mangaron las maquetas que llevaban y cómo se las apañó para hacer las partes de batería. Y luego lo vuelves a escuchar, joder, qué bueno es el disco este, qué pena que no haya hechos otros tan buenos, capaces de evocar tantos lugares, capaces de rebotarte en la memoria de una manera tan perspicaz. Por lo menos a mí.

~ por Antonio en noviembre 9, 2010.

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