No mueren

Los actores que uno quiere no mueren y los recuerda con la misma edad, la misma energía, positiva o no, de la mejor de sus creaciones. Son ellos los únicos capaces de recrear a diario su mundo, mientras, alrededor de ellos, los directores, yo el primero, permanecemos en nuestro justo anonimato.

Luis García Berlanga a Jess Franco

Memorias caóticas, p. 109

En el último plano de Paris-Tombuctú, ese extravagante regreso al universo de Calabuch, mientras Michel Piccoli desaparecía en su bicicleta por el camino, un grafito en la piedra leía “Tengo miedo. L. G. B”. Para tener miedo hay que tener memoria, y la memoria pareció reventar el entendimiento y el pavor del autor de las dos películas más importantes de la historia del cine español. El universo se puebla así de nuevos monstruos desquiciados que no respetan ni el derecho a erigirse en dueño de las propias pesadillas. Las pesadillas son extremistas cuando prometen al que las posee el previsible privilegio de perderlas pero, aún así, se pueden trasvasar a los demás en virtud de la gracia del arte mayúsculo. El responsable de las dos películas más importantes de la historia del cine español se marchó hace mucho tiempo, con esos dos estigmas grabados a sangre y fuego en el imaginario colectivo de un país que, ahora, ha perdido la capacidad de reconocerse en aquellas imágenes inmortales. La desgracia de todo esto es que otro Berlanga es imposible porque este mismo país se ha encargado de dinamitar cualquier posibilidad de ello encarnizándose en la magra tarea de desmantelar sus logros. La grandeza de Berlanga estriba en una filmografía breve, demasiado breve y parca en diálogos con la eternidad. Sus diálogos son con el aquí y el ahora.

Por eso, nada que se pueda decir de él tiene sentido. Los que hemos alimentado nuestro progreso personal gracias a sus películas y su personalidad nos sentimos hoy mal, muy mal. Para nosotros, Berlanga representaba la última posibilidad de esperanza a pesar de la conciencia de su extinción en vida. Queríamos negar su indecencia a la hora de habernos dejado atrás. Es muy difícil entender en qué momento decidió abandonar la batalla, entregado como estuvo en la última etapa de su filmografía a regurgitar sin aliento el chiste tosco tan ajeno a su realidad. Porque su realidad estaba en una responsabilidad difícilmente alienable, la de haber creado el espejismo de que en el cine español era posible estar a la altura del gran arte. La lección queda dicha pero sin respuesta sabemos que sólo nos queda brindar por él y volver a disfrutar una y otra vez de aquel acontecimiento irrepetible. Hasta ahora, maestro.

~ por Antonio en noviembre 14, 2010.

9 comentarios to “No mueren”

  1. Bienvenido , El verdugo y Placido son películas a la altura de Wilder, Alex de la Iglesia pone a Berlanga por encima de Ford y tiene razón, al menos para nosotros.

  2. Para mí el más grande de aquí y uno de los más grandes de todas partes. Creo que Plácido es el mejor retrato que se ha hecho jamás de lo que es España. En una ocasión pude darle la mano y charlar con él unos segundos. Nunca lo olvidaré…

  3. El de Berlanga es el humor que a mí me gusta: el humor negro, tan español, del que se ríe de sus propias miserias; el humor inteligente que no deja títere con cabeza; el humorismo, macabro a veces, que busca siempre la complicidad de la muerte con el erotismo. Berlanga ha muerto. ¡Viva Berlanga!

  4. Protesto enérgicamente, escupiendo al cielo, claro, por el olvido de las televisiones al rendir homenaje al maestro recién pasado a mejor vida, al no reponer “Paris-Tombuctú”, para mí el resumen total de su obra. Ya te lo dije, Kuratti, vamos a tener que tomar las televisiones disfrazados de uniforme del imperio austro-húngaro

  5. Con permiso

    1) La película + importante del cine español, por delante de ‘El verdugo’, ‘Plácido’, Bienvenido Mr Marshall’, ‘La escopeta nacional’ y ‘Patrimonio nacional’ es la ‘Viridiana’ de (don) Luis Buñuel.

    2) Cantar los logros de ‘Plácido’ y ‘El verdugo’ sin mencionar a Rafael Azcona, maestro de guionistas, es injusto. En la filmografía de don Rafael figuran algunas de las mejores películas europeas de los últimos cuarenta años. Las españolas ‘El verdugo’, ‘Plácido’, ‘La escopeta nacional’, ‘Patrimonio nacional’, ‘Tamaño natural’, ‘El pisito’, ‘El cochecito’, ‘Belle epoque’ (oscar de Hollywood), ‘El bosque animado’ o ‘Suspiros de España y Portugal’. Las francesas ‘La grande bouffe’ o ‘Touchez pas la femme blanche’. Y numerosas italianas cuyos títulos no recuerdo. Y esto sin ser exhaustivo. Todo, en fin, está en IMDB. Particularmente, opino que un paseo por la filmografía azconiana constituye un paseo por una de las cabezas más impresionantes de la cultura europea de la segunda mitad del siglo XX.

  6. 1) Eso será lo que tú opinas.

    2) Este texto está escrito a propósito de la muerte de Berlanga. Como comprenderás, no voy a ponerme a cantar las glorias de don R. Azcona en tal luctuosa ocasión. Si Don Luís Ponce te coge, te canta las cuarenta.

    Gonzalo, las televisiones hay que tomarlas una por una.

  7. Yo no he opinado en mi vida

    Opinar, opinan Belén Esteban (y gentes así)

    Yo sé unas cosas (de las que hablo con notable autoridad y reconocido criterio) e ignoro otras (de las que no hablo)

    En cuanto a lo luctuoso de la ocasión, no veo porqué faltar a la verdad. No pocas necrológicas, de hecho, han recordado a don Rafael Azcona con ocasión del fallecimiento de don Luis G Berlanga (del mismo modo que, cuando falleció el gran guionista español, se recordaron las películas que escribiera con Berlanga)

    Claro que si no se han visto más películas que las de Berlanga (y quizá alguna de La guerra de las galaxias) ciertas percepciones son bien comprensibles.

  8. Pero si ves gran cine, te habrías dado cuenta de que eso de la opinión es un guiño a una grandiosa peli. Saludos.

  9. Conste que la importancia es difícil de mesurar, pero a estas alturas pienso que Plácido es más importante que Viridiana por varias razones (y al poner eso de “las dos películas más importantes” implícitamente estaba enfrentándolas a la obra maestra de Buñuel). Y aprovecho para reivindicar con vos la grandeza de Rafael Azcona. A su pluma se debe esa vomitera genial.

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