Dont look back, Sinner

Este fin de semana ha ocurrido en la ciudad donde vivo un evento memorable. Mi salud todavía se resiente, pero el espíritu está fortalecido por todo lo vivido a lo largo de dos jornadas que Toledo no podía hace muy pocos años ni imaginarse en sus sueños más calenturientos. El festival Go Sinner Go!! (Wild Music Party) lleva, con este, seis años celebrándose pero hasta ahora lo hacía en Madrid, con el problema evidente de dispersión que supone desparramar cualquier oferta en el apretado calendario de eventos que se celebran en el foro. Su factótum es Edu Sinner, cabeza visible de la banda toledana Hollywood Sinners, y si ya le tenía aprecio, después de este fin de semana me enorgullezco de poder decir que este tío es amigo mío. Lo que ha hecho Edu -y el resto del personal a los mandos- es una proeza de la que no sé si son conscientes los asistentes incansables al Go Sinner Go!!: por dos días, en esta ciudad se ha vivido y sentido todo lo que implica el amor por esta música en su dimensión más amplia, sin postureos artificiosos y creando un ambiente que yo no recuerdo sentir desde hace mucho, mucho tiempo. Jamás, desde luego, en esta ciudad. A ello no es ajena, desde luego, la afluencia de abundante público foráneo, desconocedor de la idiosincracia toledana y en plena libertad, por tanto, para explayarse en las maneras más naturales y fluidas de celebración del rock entendido como explosión hedonista, sí, pero también como vehículo de gran arte y de actitud de verdad.

Hubo un momento crucial, a mi entender: el concierto de Los Explosivos, salvaje banda mexicana que es un epítome de la esencia de lo que tiene que ser un grupo garajero. Igual que Dylan en Locarno en el 87, mi resquebrajada y resacosa cabezota no vio ahí sólo un concierto, sino que, de alguna manera, mi entendimiento viró hacia pasajes inexplicables que me hablaban desde lo más oculto. El show fue a las cinco de la tarde del sábado, un aperitivo entre lo que se degustó el día anterior -con la esperadísima actuación de The Crawdaddys– y lo que había de suceder por la noche. El lugar fue el Garcilaso, poético nombre para un garito que, circunstancialmente, se convirtió en lugar de encuentro de hordas sedientas de caña de verdad. No creo que los simpáticos componentes de la banda fueran conscientes de lo que estaban dando a la ciudad -la ciudad, por supuesto, caminaba ajena a los trasuntos de dicha epifanía- pero puedo jurar que allí estaba pasando algo que no se había visto jamás en el lugar -y no porque no hayan tocado antes otros grupos: la escena toledana se nutre de, cada vez, más espacios en los que disfrutar de música en directo, de lo más variopinto en modos y calidad. El bolo de Los Explosivos fue una bisagra y, en lo que a mi percepción concierne, un antes y un después en lo que tiene que dar esta ciudad: realidad y no ficciones.


El tren. Los trenes son uno de los símbolos más poderosos de la mitología rock. Desgraciadamente, hasta los más panolis e imbéciles “roquistas” se han aprovechado del mensaje implícito en la escapada visceral que se reproduce visualmente en Jimmy Dean sobre un vagón en Al este del Edén de Elia Kazan y tiene su traducción en la grabación de Elvis en la Sun de ‘Mistery Train’ -y en las palabras de Greil Marcus y en el extraño viaje de dos japos en la película homónima de Jim Jarmusch. Por eso, de nuevo la trascendencia se apoderó del Go Sinner Go!! cuando The Nashville Ramblers se hicieron con el mando del mal sonido del Círculo de Arte y lo convirtieron en música celestial. Esta banda, de la que también forma parte Ron Silva -líder de The Crawdaddys- dio una lección simplemente maravillosa e inolvidable, un show que desde YA forma parte sustancial de mi vida como espectador insomne -de mi vida, vamos. Increíblemente The Nashville Ramblers no han grabado en su larga trayectoria casi nada, pero en ‘The Trains’ -publicada en un single necesario- se concentra todo lo que vimos aquella inolvidable noche de sábado: poder de evocación, lugares y sensaciones perdidas, Merseybeat y American Graffiti llamando en dirección hacia el día en el que la música murió. Toledo no podía haber imaginado nunca ver nada parecido.

Malcomimos. Bebimos tela marinera. Al día siguiente, tirados en el sofa, veíamos un vídeo de Rod Stewart con los Faces cantando ‘Maggie May’ y le dije a Miguelito que sin música no sé lo que haríamos. Seguro que seríamos menos crápulas pero, desde luego, nuestra vida tendría mucho menos sentido. 

~ por Antonio en junio 13, 2011.

Una respuesta to “Dont look back, Sinner”

  1. Pare, lo mismo haces al rockandroll que a las puertas de Micenas. Benditos ese grupo que viste y benditos los que te comparten, compadre.

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