Pompeya bajo otro prisma

El estupendo libro de Mary Beard sobre Pompeya (Pompeya: historia y leyenda de una ciudad romana, Barcelona: Crítica 2009) ha sido una de las lecturas más gratificantes que he hecho últimamente y, desde luego, lo mejor que jamás he leído sobre la ciudad del Vesuvio. A diferencia de los enciclopédicos y eruditos trabajos de, por ejemplo, un Robert Etienne o de la críptica y romántica glosa de la Villa dei Misteri hecha por Linda Fierz-David, Mary Beard se plantea la realidad histórica y arqueológica de Pompeya con escepticismo y ridiculizando sutilmente los encorsetados parámetros de lo académico. Veamos un ejemplo: hete aquí los famosos cuatro estilos de pintura pompeyana. Pues esto dice Beard:

“Generaciones y generaciones de estudiantes han realizado su primera visita a Pompeya armados de erudición libresca acerca de todas estas divisiones estilísticas, sencillamente para descubrir, como me ocurrió a mí misma hace años, que -a pesar de lo característico que es el Primer Estilo-, el Segundo, el Tercer y el Cuarto Estilo resultan en la mayoría de los casos más difíciles de localizar de lo que se habían imaginado […] Uno [i.e. un especialista] llega incluso a admitir que el Cuarto Estilo ‘apenas se distingue del Tercero’, lo que hace que sólo los ejemplos relativamente escasos del Primer y Segundo Estilo resulten distinguibles con claridad.” (p. 198)

Mucha literatura se ha escrito sobre Pompeya. Desde el relato de  Bulwer Lytton, la fantasiosa mente de turistas y de soñadores enamorados de un Grand Tour inasible ya, ha querido ver en los restos visibles de la hecatombe del 79 la herrumbre de un coloquio romántico, directo y cuasi-fílmico con personas que, en realidad y como demuestra Mary Beard, no tenían demasiado que ver con nosotros, pese al empeño de los clasicistas por demostrar que los romanos no estaban muy alejados de nuestros supuestos. Beard retrata una Pompeya sucia, de calles con altas aceras para permitir el desagüe de desperdicios, a la manera de una Venecia napolitana, una Pompeya sórdida lejos del fulgor del mármol del foro, pero a la vez desmonta los estereotipos atrapa-turistas de la ciudad burdel, de la ciudad del placer carnal y de los falos omnipresentes. Pompeya es en este libro un reflejo transparente e inseguro en su certeza de que las cosas no son como siempre nos las han querido contar:

“Pero nos preguntaremos también qué hacía y qué decía la gente en los templos o en los altares, e incluso ocasionalmente qué habría pasado por sus cabezas cuando estuvieran allí. La cosa más importante que debemos recordar es que las diferencias de respuesta habrían sido enormes, desde el cinismo y el aburrimiento hasta la piedad. Los romanos no mostraban más unanimidad que nosotros antes este tipo de cosas.” (p. 393)

Bueno, parece que sí. En el fondo los pompeyanos no eran tan distintos de nosotros…

~ por Antonio en julio 30, 2011.

Una respuesta to “Pompeya bajo otro prisma”

  1. A ver si lees “Un día en la antigua Roma”, de Alberto Angela, me ha gustado mucho. El tipo es un arqueólogo dedicado a la divulgación, bastante conocido en Italia por lo que veo, con un programa llamado “ULISES” (que en youtube está en italiano, lo mismo te gusta).

    Un saludo.

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