John Train ya no vive aquí

Tras un breve periplo sureño, regreso a casa y me encuentro con mi esperada copia del documental sobre Phil Ochs, Phil Ochs: There But For Fortune –en zona 1, por cierto, lo que me obliga, dado mi inútil y flamante Blu-Ray, a hacer una copia liberada para poder verlo; menos mal que he burlado con manipulaciones el control de zona de mi DVD “burner”. Hora y media de apasionante documental pero una sensación de oportunidad perdida. Sabe a poco, a muy poco. Es como si la cicatería que hubo de sufrir en vida Ochs por parte de discográficas poco confiadas en su eventual e improbable éxito -AM le obligó a recortar partes de canciones de Pleasures of the Harbor como ‘Cross My Heart’, haciendo un disco simple de surco comprimido de lo que debería haber sido en buena lógica un álbum doble- se hubiera extendido a los responsables del proyecto, el director Kenneth Bowser y Michael Ochs que, sin duda, habrá tenido mucho que ver con el resultado final, acreditado como productor y, por razones obvias, extremadamente implicado en tan necesaria empresa.

A la película le falta al menos media hora más de duración. Lógicamente, dada la dimensión pública del personaje, no íbamos a esperar el equivalente festín de No Direction Home, que documenta, no lo olvidemos, tan sólo cinco años de la carrera de Dylan, fundamentales pero cinco años al fin y al cabo. Pero a la vista de las imágenes que aparecen en el documental, bien se podría haber estirado un poco más. Es evidente que existe mucho más material: ¿por qué no podemos ver más imágenes de Ochs interpretando con el vilipendiado gold lamé suit del Carnegie Hall? ¿Por qué me sobran hasta las intervenciones de Billy Bragg y Sean Penn cuando lo que estoy deseando es ver en acción al hombre en persona?

La narración es cronológica y pone el énfasis en los aspectos más conocidos de Phil Ochs: su implicación ideológica sin fisuras, su neto compromiso, su “rivalidad” con Dylan, su búsqueda de nuevos cauces de expresión, la sibilina manera en la que el éxito le fue esquivo, el trauma de la represión policial de Chicago en el 68, su manía depresiva que le condujo finalmente al suicidio, su época viajera -y pionera. Es una pena, pienso en todo caso, que no se le dé a la música la importancia que tiene en todo este contexto: mi opinión firme es que, de todos los músicos que desarrollaron los primeros años de su carrera en la década de los años sesenta, Phil Ochs es uno de los más importantes y con mayor talento. Y es una lástima que en esta película no se enfatice la fuerza de canciones como ‘Changes’, ‘Pleasures of the Harbor’ o ‘When In Rome’. Sólo se destaca el mensaje de emblemas como ‘Crucifixion’, ‘I Ain’t Marchin’ Anymore’ o ‘Love me, I’m A Liberal’ -regurgitado recientemente por Jello Biafra. Pero el tratamiento impone el mensaje a la canción, el periodista al autor, el ideólogo al músico. Y aún y cuando estas facetas no pueden desligarse de una persona tan fiel al objetivo de cambiar las cosas a mejor, es a la hora de escuchar a Phil Ochs cantar ‘Jim Dean of Indiana’ o ‘The Party’ cuando las cosas empiezan a verse claras: es como si su talento no hubiera estado al servicio de aquellas ideas, sino a la inversa.

Tal vez la parte más interesante y conmovedora de There But For Fortune sea la media hora final. Los episodios del festival benéfico del ’74 en pro de las víctimas del golpe de estado chileno -con la fundamental colaboración de un Dylan de vuelta a las calles del Village- y el descenso a los infiernos de un Ochs alcoholizado y transmutado en un alter ego demoníaco, John Train, son narrados espléndidamente. En el primer caso, es una pena que no hayan aparecido imágenes filmadas -eso soñaba yo-, pero cuando sale Pete Seeger y cuenta la muerte de Victor Jara y vamos viendo cómo Ochs se viene arriba, cómo va naciendo una nueva necesidad de darlo todo, si quiera caóticamente, ahí es cuando te das cuenta de lo que este hombre significaba y lo lamentable que sigue siendo su pérdida. En el segundo, se te pone la piel de gallina al ver las imágenes de un Ochs beodo liándola por las calles como un hooligan cualquiera, pero más al ver la conmovedora interpretación de ‘There But For Fortune’ junto a Joan Baez en el Rally ‘War Is Over’ en Central Park en 1975. Ahí se ve que en el final de una guerra hay principio para un desencanto. Como dice su hija Meegan, si ahora viera lo que está pasando, tendría motivos para seguir siendo un luchador.

Por último: ¿a qué están esperando para sacar un DVD de actuaciones de Phil Ochs? Este documental demuestra que los archivos están esperando, y es vergonzoso que el DVD no incluya como extra algunas interpretaciones completas de Ochs. La espera ha merecido la pena pero sigue haciendo que esperemos más. Mientras, habrá que conformarse con YouTube.

~ por Antonio en agosto 19, 2011.

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