Un mundo en ascuas

El pasado 29 de noviembre salía a las tiendas de discos el último suceso de Adriano Celentano, Facciamo finta che sia vero. Y digo “suceso” en el doble sentido, el normal en español y el normal en italiano -que también existe aquí en la carga semántica de la palabra, i.e., “éxito”. El éxito es par también: el álbum es ya doble platino, ha vendido más de doscientas mil copias en Italia, una cifra bestial para los tiempos que corren y una proeza inigualable para un ragazzo come lui, de 73 primaveras como soles. Pero eso son números y ventas. El suceso de verdad es el logro que es el disco en sí, que nos trae a un Celentano pletórico y más  volcado que nunca a su causa, que sigue siendo la misma que proclamaba ufano en la legendaria ‘Il ragazzo della Via Gluck’. Veamos el por qué de este sorprendente magisterio, si acaso echando la vista un poco atrás. No sin antes poner un pero: si bien el sentido estético de Adriano no ha brillado nunca rutilante, la portada de Facciamo finta sublima el sutil horterismo que ha acompañado al Molleggiato desde, al menos, sus bodrios fílmicos de los ochenta, preñados como esta portada, a la vez, de cierto encanto kitsch: en esta ocasión, tenemos a Celentano Norris escapando, armado de guitarra, de un paisaje de explosión que bien podría relacionarse con el escenario de Armaggedon que preconizaba la imagen corporativa de su legendario Rockpolitick.

Veamos. El paisaje sonoro: quienes ven en Celentano al equivalente italiano de Johny Hallyday, al garante de un modo de hacer rock and roll à la europea, se llevarán un buen chasco, especialmente si hacen un recorrido por sus entregas más recientes. Yo diría que desde Un po’ artista, un po’ no, de 1980, no ha grabado lo que podríamos llamar un disco de rock -y ligero, voto a bríos-, al lado tal vez de sus entregas de versiones clásicas, I miei americani. Su relativa decadencia a lo largo de las décadas de los ochenta y noventa se salvó el año 99 con un exitazo rutilante, Io non so parlar d’amore. Tres canciones en concreto, la homónima del disco, ‘La gelosia’ y, sobre todo, ‘L’arcobaleno’ -homenaje a su querido amigo Lucio Battisti- le devolvían al trono de la canción ligera italiana, bajo cuyos parámetros estéticos hay que medir a Adriano estos últimos años, no con los del rock and roll que tan alegremente supo utilizar en las estancias de La dolce vita. Desde aquel disco, el fondo que nutre musicalmente las escaramuzas del Molleggiato hace uso de sonidos artificiosos que son, a veces, irritantes y te hacen preguntarte qué es lo que haría ahora con un conjunto básico de rock centrado: guitarras distorsionadas, ecos de sintetizadores, molestas e innecesarias filigranas de producción. Sin embargo, apenas comienza a cantar, se te olvida la chapuza pastiche que lastra el genuino disfrute que emana de estas nuevas canciones. Dos preferencias citaré: ‘C’e sempre un motivo’, del disco homónimo del 2003, es uno de los temas que me ha acompañado más insistentemente estos últimos años -la presentación televisiva del 2005 incluye una introducción que aparece ahora en la canción ‘Non so più che cosa fare’-, y ‘Anna Magnani’ de Dormi amore, la situazione non è buona (2007) define para un servidor el sentido más elemental de la palabra “evocación”.

Es precisamente con ese disco del año 2007 con el que Celentano da forma a un género de denuncia musical y compromiso que es innato a su discurso y a su presencia omnímoda en la cultura popular italiana de esta última década. El ecologismo llano y simple de ‘Il ragazzo della Via Gluck’ está de vuelta y pasado de rosca en las palabras que lega para la posteridad en la pieza central: La situazione politica non è buona/ la situazione economica non è buona / la situazione del mio lavandino non è buona / la situazione del mio amore non è buona […] ma la più grande sciagura sono gli architetti -“sciagura” quiere decir “calamidad”. He aquí una denuncia, otra, de alguien que lleva más de cuarenta años diciendo lo mismo, de alguien que no hace mucho se mofaba de derecha e izquierda, de la estupidez congénita de la alcaldía romana que pretendía construir un parking subterráneo en el Pincio. Porque el ecologismo y la denuncia de la especulación urbanística de aquella legendaria tonada podrá parecer simplista a años vista, pero a fecha de hoy, en la voz amenazante de ‘La situazione non è buona’ atronan amenazantes las verdades del barquero que siguen resonando en Facciamo finta che non sia vero, cuando el apocalipsis moral, económico, ecológico y cultural anunciado ominosamente allí se ha hecho presente en toda su crudeza en la Italia, la Europa y el mundo de hoy.

El nuevo disco de Adriano Celentano se fragua, así, sobre un mundo en ascuas. Él personaliza la cosa en Italia, normal, pues he ahí su audiencia mayoritaria, pero también ha explicado, en su rara aparición pública en Genova a primeros de diciembre -a la que ahora me referiré de nuevo- que los tiros llegan de y a todas partes. Hay un constante subterfugio para el hundimiento colectivo, la escapada hacia la belleza, que se expresa al principio del disco, en ‘Ti penso e cambia il mondo’ (so che cambia il mondo / se al mondo sto con te) y en la pieza final y más importante del disco, ‘Il mutuo’. En esa dicotomía se despacha todo el disco, en el pesimismo más insondable, retratado con pavor en las palabras que aparecen en la canción que le da título (siamo nelle mani del peggiore stile di vita / nelle mani di insensati governanti / che si danno il turno / mentre navighiamo senza più comando / in preda alla tempesta) y una nostalgia de un pasado mejor que permite, a la vez, un resquicio para la esperanza. En esa misma canción, la voz de Franco Battiato sirve de vehículo de la melancolía, de cuando Milán brillaba bajo una luz dorada y en el cielo se veían cuerpos de pura luz, de la luz del arco iris, esplendorosa, no sucia como ahora.

¿Es tarde, pues? En ‘Il mutuo’, la canción más mordaz jamás interpretada por Celentano, se nos advierte de los peligros del crédito bancario, de querer tener más de lo que se puede, de la peligrosa firma que nos ofrecen sonrientes los más detestables seres que existen en la sociedad:

I debiti uccidono
Eccome
Diffida di chi ti vuole vendere
specie quando dicono:
“non importa se ora non paghi
basta mettere una firma
sul mutuo”
e diventerai un bel padrone del nulla

Otra vez las verdades del barquero. Te convertirás en el dueño de NADA. Inmisericorde, Adriano retrata furioso el mefistofélico pacto al que no se ha puesto freno, al que toda la ciudadanía se ha arrojado sin seso, sin anteponerse uno mismo a la cosa propia del consumismo exacerbado, ese que consigue que estemos jodidos en medio de la puta burbuja. Pero, al igual que tras la Segunda Guerra Mundial hubo un “boom”, un crecimiento basado en la fortaleza común y en el repudio al desastre pasado, sólo hay un “boom” capaz de salvarnos, el “boom de la belleza”. ¿Y dónde está la belleza según Adriano? En que nadie invoque a la secesión, en las casas construidas a medida de lo que el hombre necesita, en las plazas, en la gente que se reúne en los bares, en los viejos, en los niños, en las piedras. Dice Celentano que sólo apelando a esa belleza que se cruza con la verdad se puede comenzar de nuevo. Optimismo utópico en una esclarecedora turmix de realismo negro. 

Il Molleggiato no ha creído oportuno salir a promocionar el disco, un disco que habla por sí solo. Ha sido su esposa, Claudia Mori, quien se ha encargado de dar ruedas de prensa, de mantener activas las redes sociales y de dar, en definitiva, relevancia pública a la puesta de largo de Facciamo finta che sia vero. Sin embargo, hace poco, en Genova, durante unas jornadas a beneficio de las recientes inundaciones en la ciudad, Adriano ha aparecido en compañía de Beppe Grillo a decir su verdad, la del barquero, esa que tras décadas sigue incomodando al poder establecido en Italia. Desde una postura suprapolítica, desde las alturas, Adriano habla e, incluso, se atreve a cantar contra los designios ‘Il Ragazzo della Via Gluck’. Ahora resulta que, además, Celentano estará en febrero en la nueva edición de San Remo. Así lo ha anunciado Gianni Morandi. No sabemos qué hará, pero su presencia ya ha provocado reacciones. El periodista Aldo Grasso ha criticado la eventual aparición de Adriano por fundamentarse, simplemente, en un objetivo promocional, i.e., Facciamo finta che sia vero. La respuesta no se ha hecho esperar:

Caro Grasso,
tu hai capito male, io non vado a Sanremo a promuovere il disco.
C’erano altri modi per farlo e non l’ho fatto.
Vado a Sanremo soprattutto per parlare e parlerò anche di te e di quelli come te.

Adriano

Que se prepare Aldo Grasso. Adriano Celentano va a San Remo a hablar y hablará. La gentuza puede taparse los oídos. Yo ya me estoy relamiendo.

‘Il Mutuo’, Clan, 2011 (el vídeo oficial no incluye el monólogo final)

‘Non so più cosa fare’, Clan, 2011

[audio https://kuratti.files.wordpress.com/2012/01/04-non-so-pic3b9-cosa-fare.mp3]

~ por Antonio en enero 5, 2012.

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