He was just too real

Me hice hace poco con un extraño artefacto musical: un CD titulado Listen, Whitey!!: The Sounds of Black Power 1967-1974, banda sonora, según se especifica en el librito adjunto, para acompañar la lectura del libro de mismo título publicado recientemente por Pat Thomas -el subtítulo del ensayo es, a su vez, The Sights and Sounds of Black Power 1965-1975. El libro es saludado por las reseñas como “un provocativo resumen de la historia cultural afroamericana”. No lo he leído. El disco tampoco lo he escuchado demasiadas veces, si bien es una recopilación de lo más heterogénea. Supongo que será fundamental para el interesado en los movimientos sociales de la segunda mitad del siglo XX en Estados Unidos. Aparecen en él piezas como, por ejemplo, el discurso incendiario de Stokely Carmichael, habido en 1968 en el rally por la libertad de Huey P. Newton, cofundador de los Black Panthers, o el magnífico himno de Elaine Brown, ‘Until We’re Free’. En todo caso, no fue esto lo que captó mi atención. En la portada aparece un “negrito” de torso desnudo y musculado sosteniendo uno de los discos favoritos de un famoso “blanquito”, bien empeñado a ráfagas en los movimientos civiles en pro de la libertad de derechos de la población de color en los Estates, a saber, Bob Dylan. Además, la quinta pista del CD es la primera publicación oficial en este formato de la versión acústica de una canción “perdida” y “olvidada”: ‘George Jackson’, de 1971.

‘George Jackson’ fue un curioso movimiento por parte de Dylan. Inesperadamente, en un momento en el que su producción musical y actitud pública estaban puestas en entredicho, puso en la calle un single visceral que contenía la misma canción por ambas caras, en una la versión acústica que sale ahora en esta recopilación, en la otra una versión “big band”, incluso con coros femeninos, que también se vende cara: sólo vio la luz en el raro recopilatorio Masterpieces de 1978. 1971 es también el año en el que Dylan apareció en el mítico concierto por Bangla Desh organizado por George Harrison, creando el falso espejismo de un “comeback” del viejo Dylan de las causas, del “folksinger protesta”, del prototipo regurgitado ad nauseam por el imaginario colectivo y la versión oficial de los hechos. Sin embargo, a diferencia de las grandes canciones “protesta” de sus primeros discos, como ‘The Lonesome Death of Hattie Carroll’ o ‘Masters of War’, su propia urgencia y la coyunturalidad del mensaje, pareja a la relativa falta de inspiración de Dylan en los primeros setenta, han provocado que su autor la haya condenado al limbo de los justos -de manera semejante a como sucede con otra canción de denuncia algo posterior, la famosísima ‘Hurricane’ que todavía piden a voces los despistados que pasan por un show de Dylan como quien no quiere la cosa.

La canción es una eulogía sobre la figura de George Lester Jackson, uno de los tres famosos Soledad Brothers, acusados de haber acabado con la vida de un vigilante de Soledad Prison, John Mills. Tras ser traspasado a San Quentin, Jackson fue abatido durante un intento de fuga el 21 de agosto de 1971, pero para entonces ya se había convertido en una figura señera de los Black Panthers y una referencia para el movimiento civil gracias a sus escritos desde prisión, fundamentalmente cartas recopiladas por sus amigos y admiradores. En todo caso, había sido enviado a prisión por un robo de setenta dólares, “one year to life”. No es un mal principio para desarrollar un sentido hiperdesarrollado de la contaminación de la justicia y de los abusos de una sociedad enferma en su concepción.

Bob Dylan pareció quedar muy impresionado por la suerte de Jackson y entre su muerte y la grabación del tema apenas pasaron dos meses. Entre ésta y su publicación, el día 12 de noviembre del 71, sólo paso una semana. Esa urgencia se transmite en su interpretación, pasional como pocas, en especial en la versión acústica que ahora ve, por fin, una publicación oficial en CD. La simplicidad del texto, viniendo de quien viene, se ve soslayada por la fuerza de su voz y el insistente riff de guitarra que se hace señor de la línea melódica, aparentemente convencional, que enmarca el texto: cinco estrofas, una primera con recursos típicos del blues (I woke up this morning es un cliché repetido por Dylan, por ejemplo, en ‘On The Road Again’ o en ‘Tangled Up In Blue’ -en este caso rehaciéndolo de manera magistral) y una licencia narrativa típica de Dylan: Jackson murió de un tiro por la espalda, no por la cabeza -probablemente sea porque “back” no rima con “bed”; una segunda  donde se sintetiza el drama injusto de Jackson, enviado a prisión sine die por un robo ridículo, con un detalle de lírica dylaniana excepcional por lo concreto: they throw away the key; una tercera y una cuarta donde se retratan programáticamente la coherencia y el idealismo de Jackson, con otro retazo de lírica esencial: he wouldn’t take shit from no one; y una estrofa final donde encontramos al famoso Dylan moralista: el mundo como prisión donde unos somos prisioneros, otros somos guardianes. El autor no se incluye explícitamente en ninguno de esos dos grandes grupos, utiliza “us” en ambas ocasiones, pero esa ambigüedad no parece esconder el deseo de desplazar el foco a la maldición de ser prisionero y estar en condiciones de acabar con la vida de aquellos injustos guardianes, esos que intentarán finiquitarte a ti apenas intentes escapar.

Tengan el gusto de dedicar ocho minutos a escuchar el famoso y olvidado single ‘George Jackson’, por gentileza de este su humilde espacio. Merece la pena.

Bob Dylan, ‘George Jackson’ (big band version), Columbia 1971

Bob Dylan, ‘George Jackson’ (acoustic version), Columbia 1971

~ por Antonio en abril 10, 2012.

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