A propósito, de nuevo, de la mentira

Ya hemos hablado aquí de esa clase de mentira que hacía grande a Federico Fellini.  La vorágine impele a detenerse y tomar aire, el desencanto también. Porque vivimos un tiempo en el que la mentira se ha impuesto decididamente y prohíbe al que esto escribe tener ojos para la esperanza puesta en la sinceridad. Ignacio Juliá, por ejemplo, dijo hace mucho tiempo que Bruce nunca nos defraudaría. Ya hace tiempo que el hombre se dio cuenta de que erró como el futbolista chulo el penal. Ahora resulta que el gran mérito es que fui testigo en el campo del Madrid del concierto más largo de la larga historia del de Freehold. Vale. También tiene mérito el freak ese que ha cruzado las cataratas del Niágara por encima de una cuerda.

¿De qué va esto? ¿De maratones? Denme un show de Dylan del 89 con su hora y cuarto, ¿qué digo? Cinco minutos de show de Dylan del 89 dicen más verdad que las casi cuatro horas en cuestión. Cuando vi a Springsteen en el 99 ahí había entrega, cucamonas también, pero sinceridad, concesiones cero, un escenario desnudo, un par de pantallas para el que estuviera lejos y la E Street de verdad. Esto es una falacia, además de sonar como el culo y meterte las canciones de Wrecking Ball como un puñal, en el sentido malo y literal, ni eso es la E Street Band ni es nada, no hay verdad. Pudo haber momentos -Van Zandt hiriendo en un solo ardiente en ‘Because The Night’, cierta temperatura ajena a las dimensiones en ‘Murder Incorporated’-, pero salí muy cabreado. El numerito con Southside Johnny fue el asesinato premeditado de un número ansiado, ‘Talk To Me’. Patético. Stevie debería poner orden si quieren seguir en serio. Es evidente que si la edad no ha hecho mella en la condición física de super Bruce, sí ha jodido su condición neuronal, que se está poniendo cada vez más a la altura de la masa irreflexiva de aduladores. En fin.

Por otra parte, en mis largas jornadas automovilísticas de una parte a otra, he vuelto a escuchar una y otra vez Honestidad Brutal, ese disco que permanece como un tótem de verdad y que te hace lamentarte tanto de que su autor haya perdido la brújula hasta extremos desquiciantes. Disco excesivo que sería sublime del todo si hubiera sabido apartar la paja del grano el amigo Andrés. Pero cuántas verdades se dicen. Me acojona escuchar ‘No tan Buenos Aires’ y prestar atención a estas palabras:

Viejos aires,
estás pobre y sin futuro; yo te presto veinte pesos
y cómprate lo que quieras.
No puedo darte laburo,
puedo tratar de entenderte
y si algún primo te da un chumbo
ya tenés más claro el rumbo.
No me gusta pero es lógico que pase si algunos chorros y grasas
tienen diecisiete casas.
Justifico con reservas la escopeta,
es horrible pero era previsible.
Eso no arruina a la gente de Argentina.
Nacimos desorientados
y nos educaron como tarados,
y nunca tuviste nada
pero un domingo podés ganar.

Más verdad brutal imposible. Esto salía en el 99, cuando uno iba a gatas tanteando en la oscuridad y buscando certezas que ahora sólo se pueden encontrar cuando se mira atrás, paradoja. Esa frase, “justifico con reservas la escopeta”, plantea un dilema ético pero desde la postura del suspenso en escepticismo. Mira más allá y predice un futuro negro y previsible. Honesto, porque para vivir al margen de la ley hay que ser honesto.

Como le pasaba a un outlaw de pura cepa, Phil Ochs, que rehizo su antigua ‘Here’s To The State Of Missisippi’ de I Ain’t Marchin’ Anymore en ‘Here’s To The State Of Richard Nixon’:

And here’s to the schools of Richard Nixon.
Where they’re teaching all the children
That they don’t have to care,
All the rudiments of hatred
Are present everywhere,
And every single classroom
Is a factory of despair.
There’s nobody learning
Such a foreign word as “fair.”

Y he aquí la escuela de Richard Nixon
donde enseñan a los niños
que no hay de qué preocuparse.
Todos los rudimentos del odio
se encuentran por doquier.
Todas y cada aula 
son fábricas de desespero.
Y ninguno se dedica a aprender
la palabra “justo”, de origen extraño.

Otra vez toca mirar atrás para descubrir alguna sinceridad, para desvelar palabras que están hechas para ahora, para una escuela podrida hasta el tuétano, incapaz de resolver desde dentro la venenosa dádiva de la alteridad. Da pavor desayunarse con el peso de una mentira fea que no es capaz de siquiera disimularse. Y el mundo empuja tan fuerte que no cabe apenas la posibilidad de refugiarse en la ficción. Hacen falta agallas para sumergirse en el discurso alterno de quienes todavía pueden dar con la clave del desespero. En ese sentido, es más necesario que nunca volver a las coordenadas del western de Hawks y de Ford, al diván de Tony Soprano y a los lirios de Walter White. La mentira se ha impuesto insuflando energía a la verdad de ficción.

Así, ¿dónde hay verdad? En el saxo de Clarence en ‘The Promised Land’, en el eco que Dylan le mete a ‘Ballad of a Thin Man’, jugando diabólicamente con una pregunta eterna, en una esquina de San Luigi dei Francesi, en las botas que quiere poner Ramson Stoddard al cadáver de Tom Doniphon, en el pausado cigarro que se enciende Holly Martins cuando pasa de largo la novia de su amigo, en un atardecer de Ponte Vecchio, en los grafitos que me manda Valentín, en ‘Red River Shore’, en Gainsbourg cantando ‘La Marsellesa’, en la Villa de los Misterios, en los mares de plástico de Fellini, en Zampanò llorando, en el león del viejo Cinema Paradiso vomitando una lengua de fuego, en las diatribas de Juvenal, en la lenta escapada a la nada de Antoine Doinel, en los versos de Howl, en los bufones de Velázquez que tanto sacan de sí mismo a mi querido Peñalver, en un avión que aterriza en Fiumicino, en uno que huye de este puto país de la mentira.

~ por Antonio en julio 26, 2012.

5 comentarios to “A propósito, de nuevo, de la mentira”

  1. Te quiero, amigo.

  2. Sabias palabras, magistral artículo.

  3. Tonino, estás de un lúcido que te pasas. Y razón llevas en todas tus apreciaciones pero no menos cierto es que ‘haces cara’ -que diría un catalán- de empachado: demasiada ‘curtura’. Echa el freno, tómate una copa y no pongas música ni la radio ni, por supuesto, la tele ni leas tampoco un libro ni el periódico ni veas una peli ni mires un cuadro ni nada. Sólo disfruta del paisaje.

  4. Un abrazo Bowman!!!! Vuelvo al ataque pero con menos “curtura” y más “curtío”.

  5. […] y dando vueltas a la herida en el corazón y a la puñalada trapera que ayer sentí. Yo, que me había jurado y perjurado no volver al circo después de la mediocre defensa en idéntico coso hace cuatro años de un disco mediocre a más no […]

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