Las simplicidades del placer

imagesRecupero este antiguo post (de mayo del 2008) por una cosa que me ha recordado Valentín, y por la sublime ‘Alexandra Leaving’ que interpretó la pasada noche Sharon Robinson en el Palacio de los Deportes. ¡Oh, Apolo, si Cohen la hubiera cantado con ella!!!

En el año 2001, Leonard Cohen publicó Ten New Songs, su primer disco de canciones nuevas desde The Future (1992). Al contrario que su decepcionante sucesor, el extravagante Dear Heather, el laconismo en las formas de Ten New Songs, apenas adornadas por las voces de Sharon Robinson (productor además, y coautor de las canciones del disco) y un exquisito uso de músicas programadas, escondía una colección de textos y canciones que todavía hoy son capaces de hacerte viajar a la estratosfera. Dos temas, sobre todo, sobresalían en el conjunto: la canción que abría el disco, ‘In My Secret Life’, que está interpretando Cohen como eje central en los conciertos iniciales de su ansiado retorno a los escenarios, y ‘Alexandra Leaving’. Esta canción es esa clase de canción que yo no llamaría “canción”. Es una epifanía. Cuando escuchas su melodía, la voz susurrante de un Cohen insertado en los canones de la nicotina más dulce, pronunciando cada palabra con clarividencia poética, entiendes que todo es superfluo, que el mundo se gesta de abandono, de dolor y pérdida, y que no merece la pena seguir hundiéndose en lo banal.

Sin embargo, el texto de esta canción, tan misterioso, no es genuina obra de Cohen. ¿Quién es Alexandra? ¿A quién abandona? La explicación se encuentra en las palabras de un poeta trascendental, reverenciado por el canadiense, reverenciado por la musa: Constantine P. Cavafis. Alexandra es su natal Alejandría, ciudad epicentro de un universo común, la koiné cultural de oriente y occidente. El lugar donde Alejandro el hijo de Filipo determinó que el mundo debía postrarse a la superioridad de la tradición griega, y el lugar donde los cuerpos de Marco Antonio y Cleopatra se solidificaron para alimento de los murmullos de la posteridad. Este es el poema en versión castellana:

El dios abandona a Antonio

Cuando de pronto, a medianoche, se oiga
un cortejo invisible que circula
con músicas excelsas, con clamores –
de tu destino que se entrega, de tus obras
que fracasaron, de los proyectos de tu vida
que tan mal te salieron, no te lamentes en vano.
Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente,
dile adiós a ella, a la Alejandría que se va.
Y sobre todo no te engañes, no digas
que fue un sueño, que fue error de tu oído;
nunca aceptes tan vanas esperanzas.
Como dispuesto desde ha tiempo, como un valiente,
como te va a ti que de una ciudad tal has sido digno,
acércate con entereza a la ventana
y oye con emoción, pero no
con súplicas y quejas de cobarde,
como un último goce los acordes,
los excelsos instrumentos del misterioso cortejo
y dile adiós a ella, a la Alejandría que tú pierdes.

Versión de Ramón Irigoyen

Cavafis habla a Antonio. Baco, Dioniso, Liber, Iaco, ¡Evohe!, ese dios rampante que identificó el vencedor de Filipos con su propia persona, era su guardián. Abandonado por su protección, mientras las naves victoriosas de Octaviano César y Marco Vipsanio Agripa enarbolan el estandarte del luminoso Apolo, mientras el mar de Accio se tiñe de roja sangre egipcia y romana. Cohen convirtió a Alejandría en mujer. El texto que pudo leer, en versión inglesa, pudo ser éste:

The god forsakes Antony

When suddenly, at midnight, you hear
an invisible procession going by
with exquisite music, voices,
don’t mourn your luck that’s failing now,
work gone wrong, your plans
all proving deceptive—don’t mourn them uselessly.
As one long prepared, and graced with courage,
say goodbye to her, the Alexandria that is leaving.
Above all, don’t fool yourself, don’t say
it was a dream, your ears deceived you:
don’t degrade yourself with empty hopes like these.
As one long prepared, and graced with courage,
as is right for you who were given this kind of city,
go firmly to the window
and listen with deep emotion, but not
with the whining, the pleas of a coward;
listen—your final delectation—to the voices,
to the exquisite music of that strange procession,
and say goodbye to her, to the Alexandria you are losing.

Translated by Edmund Keeley and Philip Sherrard

Y ésta es la canción de Leonard Cohen:

Suddenly the night has grown colder.
The god of love preparing to depart.
Alexandra hoisted on his shoulder,
They slip between the sentries of the heart.

Upheld by the simplicities of pleasure,
They gain the light, they formlessly entwine;
And radiant beyond your widest measure
They fall among the voices and the wine.

It’s not a trick, your senses all deceiving,
A fitful dream, the morning will exhaust –
Say goodbye to Alexandra leaving.
Then say goodbye to Alexandra lost.

Even though she sleeps upon your satin;
Even though she wakes you with a kiss.
Do not say the moment was imagined;
Do not stoop to strategies like this.

As someone long prepared for this to happen,
Go firmly to the window. Drink it in.
Exquisite music. Alexandra laughing.
Your firm commitments tangible again.

And you who had the honor of her evening,
And by the honor had your own restored –
Say goodbye to Alexandra leaving;
Alexandra leaving with her lord.

Even though she sleeps upon your satin;
Even though she wakes you with a kiss.
Do not say the moment was imagined;
Do not stoop to strategies like this.

As someone long prepared for the occasion;
In full command of every plan you wrecked –
Do not choose a coward’s explanation
that hides behind the cause and the effect.

And you who were bewildered by a meaning;
Whose code was broken, crucifix uncrossed –
Say goodbye to Alexandra leaving.
Then say goodbye to Alexandra lost.

Say goodbye to Alexandra leaving.
Then say goodbye to Alexandra lost.

Tomando la musicalidad de los versos de Cavafis, así como elementos comunes (suddenly, exquisite music, dream, go firmly to the window), Cohen los despoja de su valor histórico (incluso introduce una anacronía: crucifix uncrossed, “un crucifijo sin cruz”, paradoja de un código roto), los desnuda de sus connotaciones sobre la decadencia de un hombre que ha podido ser el dueño del mundo pero que ahora no tiene más que la contemplación de una ciudad apoteósica que va a perder, y los lleva al mundo puramente sensorial del amor perdido.

De pronto la noche se vuelve más fría.
El dios del amor se prepara para partir.
Alexandra se encarama sobre sus hombros,
resbalan entre los centinelas del corazón.

[…]

No es un truco, todos tus sentidos te engañan,
un sueño inconstante, la mañana agotará –
Di adiós a Alexandra que se marcha.
Entonces di adiós a Alexandra ya perdida.

El amante ha perdido el susurro de esa voz que anhelaba, porque ella ha preferido marchar, no con el diós del vino, sino con el del amor. Sus estrategias son inútiles porque ella ha tomado una decisión. Es la ciudad-mujer, un concepto exquisito que Marco Antonio entendió, mientras que Cicerón y sus demás enemigos se rebelaban con repulsa por su traición a Roma. Cohen sabe que el dios se ha marchado porque Antonio ya no requiere su protección, al haber culminado sus proyectos en la pérdida de la ciudad que acogió su delirio. Para Cavafis sólo se necesita valentía, ser capaz de mirar a través de la ventana sin nostalgia de lo que pudo ocurrir y ya no es posible. La ciudad-mujer se convierte en patrimonio del dios y de los poetas:

Incluso aunque durmió entre tus sábanas de satén;
incluso aunque te despertó con un beso.
No digas que te imaginaste ese momento;
no hagas uso de estrategias como esa.

Y dile adiós, a Alexandra, a Alejandría, al diós, al poder, porque ya los perdiste.

‘Alexandra Leaving’, Leonard Cohen, Ten New Songs (2001)

~ por Antonio en octubre 6, 2012.

10 comentarios to “Las simplicidades del placer”

  1. La diferencia entre tú y yo es que yo parezco que sé. Tú sabes. Y a pesar de la envidia no se te puede odiar.

  2. ¡Venga ya! ¡Si tú sabes cuál es la diferencia entre la esencia y la existencia!

  3. si quiero intentar escuchar a Cohen que me bajo? con Petty lo intente y me quede a medias.

  4. Im Your Man. Various positions, Ten new songs, songs of Leonard Cohen, El The essential… y Shows del 88, 93, o el que circula de este año.

  5. El The Essential te puede servir para iniciarte, sí, pero lo mejor que puedes hacer es bajarte la discografía completa (menos Dear Heather). Songs of Love and Hate, New Skin for the Old Ceremony, Songs from a Room, The Future… y shows del 88, 93 y 2008, claro!!!!

  6. ¿Y con Petty qué problema? Damm the Torpedos es una maravilla.

  7. Dear Heather es pa folla y yasta, es un sidi de covers de Barry White

  8. Por cierto, la entrada de Alexandra Leaving es un maravilla, después piensas coño está ahi el Manzano ganando pasta con sus mierdas y joyitas de textos como el presente se quedan aqui muerto risa. El mundo está loco pare.

  9. Y a los que no nos convence Cohen, ¿qué pasa? Y no es malo, no, ya lo sé. Pero nunca podrá escribir “Idiot Wind”.

  10. Eso está claro, don Antonio!!!!

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