Marmita de cobre

BobDylanDogThe Bootleg Series vol. 10: Another Self Portrait no redime el “provocativo” Self Portrait de 1970, que per se sigue siendo un álbum controvertido y discutible, con momentos dignos y capacidad de encanto si eres capaz de disfrutar de la música sin prejuicios. Another Self Portrait es un bootleg oficial que se goza por sí mismo, al que tan sólo el prurito de historicidad convierte en una clave determinante para interpretar al escurridizo Bob Dylan de finales de los sesenta. Así las cosas, se trata de la entrega de The Bootleg Series que más tiempo he dedicado a escuchar desde que tuve en mis manos hace la tira ya el primer volumen -o los tres primeros según se mire-. Es un disco sorprendente, lleno de material que nunca había circulado aunque se sabía de su existencia: de entre lo que ya conocíamos se encuentra la versión “orquestal” de ‘Sign On The Window’ o la simpática pero intrascendente jam con George Harrison, ‘Working On A Guru’. De esas pistas “conocidas” lo que me trae loco es la versión de ‘If Not For You’ con violín. Existe una toma en circulación que apostaría que es la misma pista vocal que la incluida ahora en Another Self Portrait pero que, a diferencia de ésta, incluye un steel-guitar. Tampoco me he puesto a indagar demasiado pero, conociendo la escasa afición de Dylan a no cantar dos veces una canción de la misma forma, me extrañaría que aquél instrumento no fuera un overdub añadido después.

The Bootleg Series vol. 10: Another Self Portrait es, además, un objeto precioso. Salivas cuando tienes en tus manos la edición Deluxe, con los libros que la acompañan junto a los CDs extra de la Isla de Wight ’69 -pena que no haya salido una filmación completa- y una perrillera remasterización de Self Portrait, con la calidad insuperable de unas fotos idílicas y no tanto que alimentan tu mitomanía, tu incansable sed de tener todo lo hecho por o que tenga que ver con Bob Dylan. El vinilo, concebido más que como un triple álbum como una caja con tres LPs individuales, además de sonar de la hostia, es una maravilla que huele a pasado, a tiempo mejor pero de verdad, donde el libreto que incluye las notas -de mierda por cierto- de Greil Marcus adquiere su más plena dimensión. Qué gusto ver esas fotos en ese tamaño, en ese papel. A veces Columbia echa el resto y lo hace muy bien, otras veces no tanto. En esta ocasión lo han dado todo y sin meter el clavel que te hincaban por la caja de Tell Tale Signs.

2013-08-15-screenshot20130815at2-08-59pmPor último, el corazón de Another Self Portrait son las sesiones a tres entre Dylan, David Bromberg y Al Kooper. A decir verdad, merecerían un disco aparte. El formato guitarra rítmica (Dylan), solista (Bromberg) y piano (Kooper) sienta como un guante a unas versiones que son un punto excelso de la experiencia del Dylan intérprete, de esa dualidad perenne y a veces escurridiza entre un talento que explota en la creación unas veces, otras en el arte de interpretar, sean canciones propias o ajenas. Derek Barker escribió un libro sobre eso. Haz la prueba, escucha a Bob Gibson cantando ‘Ol’Bill’ y luego a Dylan haciendo ‘This Evening So Soon’ con Bromberg y Kooper en esas sesiones luego desgraciadas. La crudeza es inconmensurable, se viene arriba Dylan aquí, hasta el extremo de equivocarse con la guitarra en el momento álgido de la canción, ese en el que llevan a Ol’ Bill a casa inerte. Junto a ‘This Evening So Soon’, otras dos canciones, secuenciadas magistralmente con aquélla, son las que, en mi opinión, resumen el pathos y la fuerza de estas sesiones: ‘Thirsty Boots’, el conmovedor tema de Eric Andersen dedicado a Phil Ochs que Dylan hace suyo -¿Dylan en el 70 haciendo una canción “política”, ur?-, cantando con una delicadeza y sinceridad tan austeras que se te hace difícil encontrar un equivalente en toda la discografía oficial; y ‘These Hands’, la vieja canción de Hank Snow, esa oda en primera persona al hombre que resume su esencia de vida en las callosas manos de quien ha levantado su casa y vida con esfuerzo y sudor.

El formato guitarra, guitarra y piano no es muy común en la obra de Dylan. Hace poco vimos algo semejante, con otros dos titanes, Ry Cooder y Van Dyke Parks, en la versión de Woody Guthrie grabada para el documental The People Speak. Y es que hay una línea muy sutil que cruza toda la carrera de Dylan, la escondida búsqueda y regurgitación de un léxico oculto en el cancionero popular americano que espontáneamente ha ido surgiendo a lo largo de los años, desde el sótano de Big Pink hasta los discos acústicos de principios de los noventa y algunas de las instancias más sublimes de la Gira Interminable. Lo que se oye en Another Self Portrait no arroja luz sobre aquél disco “maldito” ni lo redime. Es una maravilla en sí y el formato no hace más que enfatizarlo.

‘Thirsty Boots’ (Eric Andersen), Bob Dylan (guitar), David Bromberg (guitar), Al Kooper (piano)

~ por Antonio en septiembre 21, 2013.

Una respuesta to “Marmita de cobre”

  1. Puto negocio contra/para mitómanos desconsolados.

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