Stu Kinball en la Via Gluck

IMG_4812 (Large)El uno de noviembre aterrizo en Milán para una nueva estación de la NET. El lugar en esta ocasión es el Teatro degli Arcimboldi, donde Dylan dará tres conciertos consecutivos los días 2, 3 y 4. Sanders y yo tenemos tickets en tercera fila sólo para la primera noche, no hay posibilidad de más. Así, pasamos un día en Milán, ciudad inédita para mí  y que me sorprende gratamente: viva, vibrante, elegancia y belleza en rincones poco transitados y en los lugares más conocidos, Duomo, Castello Sforzesco, Galleria Vittorio Emmanuelle. Arrastro a Sanders, en todo caso, hasta la Via Cristophoro Gluck para fotografiarnos junto al número 14, la casa con “il cortile” donde nació Adriano Celentano y que quedó inmortalizada en la mítica ‘Il ragazzo della Via Gluck’. La calle es una poco transitada arteria sin ningún encanto, muy cerca de la estación (e sentirò l’amico treno che fischia così: wa wa!). Es difícil imaginarse la zona como la describe Adriano antes del desarrollo de la especulación edilicia, verde, con hierba. El cemento se ha encargado de atufar cualquier resto de la Arcadia urbana de la canción, fenómeno que es, al fin y al cabo, lo que la misma describe. En el portal número 14 no hay ninguna mención a su ilustre añejo inquilino, pero al mirar por la rendija se ve un patio vecinal que parece sacado de otra época, de aquella época.

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El concierto en sí, como todos los de esta gira otoñal europea -y los del año entero-, tiene un set list fijo y predecible centrado en números recientes -con cinco canciones de Tempest-. La sorpresa radica sin embargo en la sustitución de ‘Early Roman Kings’ por ‘Desolation Row’ -aquella no sonará en tierra italiana-, hecho que te obliga a llegar a la conclusión de que el rocoso repertorio fijado por Dylan se beneficiaría de un par de puestos inesperados -como al final de los shows de Americarama-: por ejemplo, qué delicia sería llegar a los bises con la incertidumbre de no saber qué se va a escuchar ahí, en lugar de tener que marcharte con el tedioso anticlimax de dos versiones de compromiso de ‘All Along The Watchtower’ y ‘Blowin’ In The Wind’, dos canciones que Dylan se ha encargado de reducir a su mínima expresión, como cabezas de jíbaro. El concierto acaba con ‘Long And Wasted Years’, una auténtica exhibición que recuerda con énfasis que no existe nadie capaz de hacer lo que él hace cuando le sale de la polla. Lo de después es pantomima y sobra. Y así el cataclismo romano de los días 6 y 7 no hace más que enfatizar que el Dylan del 2013, con repertorio fijo y un poderío escénico como no se veía desde al menos el 2004, bien habrá de ser un Dylan de leyenda que recordaremos de forma muy distinta al de otros pasajes de la NET quienes hemos tenido la fortuna de vivirlo.

Por desgracia, el show que vemos en Milán es, a tenor de las grabaciones y de los testimonios de los presentes, el más flojo de los tres y el de peor sonido -al principio la guitarra de Sexton no se oye-. La cosa es que decían que el teatro este tenía un sonido de la hostia. Pequeño chasco. Además, por muy cerca que estés del escenario, Dylan se empeña en poner importante distancia con las primeras filas. La puesta en escena es sombría, la actitud del músico lóbrega. Por fortuna, no lleva sombrero y eso permite apreciar de nuevo una de las imágenes más poderosas y subyugantes de la cultura del siglo XX. Veo y escucho a Dylan en Milán, ‘Pay In Blood’, ‘Love Sick’ y ‘What Good Am I?’ me sacan de mi racionalidad, me subliman, ‘Spirit On The Water’ y ‘Scarlet Town’ me aburren, ‘Long And Wasted Years’ me sacude la conciencia. Hay quien está cansado. Yo seguiré esperando nuevas oportunidades de disfrutar nuevos conciertos de Dylan. Es lo que hay.

PS: Tras escribir este post, esa misma noche, en Blackpool, muy cerca de Liverpool, Dylan sustituyó ‘Blowin’ In The Wind’ por una sentida ‘Roll On John’, la canción que cierra Tempest y que es, entre otras cosas, un tributo al más ilustre músico nacido en la ciudad del Mersey.

~ por Antonio en noviembre 24, 2013.

3 comentarios to “Stu Kinball en la Via Gluck”

  1. La cara más dura que el cemento la tienen D. Mariano, D. Botín, el famoso cura Matos (la tenía) y los padres de la independencia portuguesa (cuya fiesta el 01.12 han quitado por la cara dura como el cemento). Hay que demoler casi todo el cemento y las caras que lo representan. Amén.

  2. Hola Antonio, sería el más flojo de los tres (tengo que compararlo seriamente con los otros dos) pero el Desolation que nos largo es de los que aumentan la esperanza de vida del oyente. En Roma también hubo algunas perlas (e insignes gatillazos por general descoloque) y en el Royal, the last day, estuvo magnífico, aunque la lejanía visual perjudica seriamente la salud.

    Por cierto, en el 2008 coincidimos en Hoyos y en Cuenca, ahí sí que estuve en primera línea de fuego

    Un abrazo

    Ramón

  3. Hey Ramón, de lo mejor que nos llevamos de Milano este nuevo diálogo que nos traemos. Para los lectores, aquí cuenta Ramón lo que piensa de ese encore que a mí tan poca gracia me hace:

    http://www.auriculares-hifi.com/foro/index.php/topic,18.msg17185.html#msg17185

    Sobre Watchtower, pues no me gusta esta versión, tampoco me parece que porque suene la acústica se acerque más a la de JWH, yo soy más de los demoníacos desarrollos del periodo 93-95, pero eso supongo que es una cuestión de gusto. Este me parece desangelado, Dylan canta en piloto automático, igual que pasa con Blowin’. Tanto una como otra canción están machacadas en todo caso, especialmente porque ninguna de las dos es una de las realmente grandes, Blowin’ menos todavía, Watchtower tal vez sí pero nunca tres estrofas fueron tan ordeñadas. En mi opinión, si en el encore hubiera puesto otras dos distintas, no sé, Thin Man y Tambourine Man por ejemplo por buscar dos canciones verdaderamente magistrales y clásicas, el efecto de este set hubiera sido redondo (y si hubiera quitado Spirit On The Water, qué quieres que te diga). O podía haber ido rotando al final. Pero lo de menos es el encore, está claro, es la pequeña concesión que hace Dylan al público que pasa por allí, aunque tampoco se enteren mucho de que esa canción es precisamente esa canción.

    Y es verdad que la posición cercana perjudica el sonido, hay que sacrificar una de las dos cosas. Esas cosas no pasan en los teatros romanos de verdad. En Mérida 93 daba igual donde estuvieras.

    Un abrazo y seguimos al lío.

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