La honestidad no es lo que parecía

lucinda_williamsSegún mi concepción de las cosas, no es posible que haya mejor disco este finado 2014 que Down Where The Spirit Meets The Bone. Se trata del particular Honestidad brutal de Lucinda Williams, una orgía creativa hecha para goce de los sentidos en la que su autora llega a niveles desconocidos desde, por lo menos, Essence (2001). Son dos discos de intensa variedad de registros y claves donde no sobra absolutamente nada. Y esto lo enfatizo porque, desde aquella maravilla del año 2001, es inevitable encontrar en casi todos los discos de Lucinda algunas piezas de relleno ciertamente aburridas que desmerecen el conjunto, no sé, ‘Righteously’ en World Without Tears (2003), ‘Wrap my Head Around That’ en West (2007), ‘Rarity’ en Little Honey (2008) o ‘Convince Me’ en Blessed (2011) me vienen a la cabeza pero podría encontrar más. Aquí no sobra nada, ni un tema de los gloriosos veinte que conforman la secuencia imposible de esta obra maestra. A decir verdad, hace tiempo que abandoné el uniforme de expedicionario y cuando me pongo a leer esas listas que versan sobre lo mejor del año me quedo frío y patitieso porque no conozco a casi nadie, ni falta que hace cuando tienes el espíritu a buen recaudo donde se topa con el hueso. Es imposible que nadie, tal y como está la cosa, llegue a los niveles de confidencia, poderío y realidad a los que Lucinda arriba aquí.

Hay que tener muchos huevos para empezar, dicho sea de paso, un disco con un tema como ‘Compassion’, pieza que otro cualquiera hubiera colocado como epílogo. Es así. Te mete de lleno en la calidez de un susurro para luego envolverte en esa especie de fusión de country y soul que domina el espectro estilístico del disco. ‘Protection’ -curioso puente conceptual con la canción primera- ya sí que te dice por donde va la cosa: Lucinda Williams en estado de gracia de principio a fin. Y cómo canta, por favor, cómo se pone chula cuando hay que ponerse chula -‘West Memphis’-, cómo invoca al espíritu de Aretha, de los Stones -no me digas que el arranque de ‘Burning Bridges’ no está calcado de ‘Time Waits For No One’ de It’s Only Rock And Roll-, al rock de los pantanos, al infierno. Y las guitarras, qué sonido, qué separación perfecta -es recomendable, ciertamente, la escucha con auriculares para apreciar el preciso trabajo de producción que agiganta la labor titánica del personal-: curioso que haya optado por un reparto variado antes que por acompañarse de su banda de directo, pero visto el resultado no es digna cosa de crítica. En fin, que al escucharlo uno se dice que, cuando se trata de Lucinda, la honestidad no es lo que parecía, sino mucho más.

~ por Antonio en enero 11, 2015.

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