El recreo no tiene sitio

Veo con interés Tu voz entre otras mil, la película documental que Paloma Concejero ha dirigido sobre el malogrado Antonio Vega. Disfruto la proyección enormemente. Se trata de un retrato amplio y exhaustivo del periplo vital del autor de ‘Una décima de segundo’, sin concesiones, aunque enfatiza la drogadicción y el malditismo del personaje por encima de su obra como músico. Por el metraje pululan insertos de caballos que galopan y alusiones más o menos evidentes a la grave dependencia con la que el músico cargó a lo largo de toda su vida adulta. Parece ser que este énfasis puesto en el malditismo heroinómano de Antonio Vega ha resultado ofensivo a su familia, que ha renegado del montaje final. Normal, es su familia. Pero creo que esa perspectiva no puede ser tildada en este caso de sensacionalista o morbosa, se trata de una opción que no oculta por otro lado el talento real del autor, al tiempo que explica su diletantismo y el desperdicio mismo de aquél. Pues, en realidad, el prestigio musical de Antonio Vega se construye y radica en los años con Nacha Pop, quedando su nimia producción en solitario -cinco discos en veinte años- como una oportunidad perdida salpicada de fogonazos y hallazgos realmente duraderos.

Ambos aspectos, el malditismo influjo de la farmacopea y el talento innato de Antonio Vega, están a mi parecer perfectamente equilibrados en el metraje de este documental y proyectan su sombra en ambas direcciones. En ese sentido hay dos momentos cruciales: cuando Nacho Béjar, su mano derecha durante largos años, explica cómo el consumo de crack comenzó a transformar la delicada personalidad del músico y cuando el propio Vega, hacia el final del documental aparece afirmando que no entiende por qué se destaca tanto su faceta intimista cuando él, en realidad, siempre había hecho música de guitarras potente y ciertamente cañera. De lo primero no hay que entender más. En los últimos años de Antonio Vega sus facciones fueron mutando de la máscara de individuo tierno y solitario, frágil en su extraña proyección hacia fuera, a los horrendos rasgos de la tragedia artaudiana hecha carne y realidad. Incluso en esa extraña pantomima que supuso el retorno de Nacha Pop, con las concesiones circenses nacidas del espíritu moñarraca de su primo Nacho García Vega, el tipo conmovía por su misma presencia.

En cuanto a lo otro, eso pocos lo comprenderán si atienden al estereotipo de ‘El sitio de mi recreo’, ‘Se dejaba llevar por ti’ o, incluso, ‘Lucha de gigantes’. La carrera de Nacha Pop es un ejemplo paradigmático de talento trabucado por el malhacer de discográficas despiadadas y el abuso de la radio fórmula travistiendo el arranque artístico pleno de una banda como pocas hubo en ese contexto sociocultural y espacial. Es el propio Ñete, batería de Nacha Pop, quien pone el dedo en la llaga al describir la grabación de Dibujos Animados (1985) como un auténtico suplicio. Es ese disco la bisagra inoportuna, pese a contener canciones de gran nivel, incluso del propio Nacho, como ‘Nuevo plan’. La búsqueda del éxito comercial masivo a toda costa proyectada en el tipo de producción todo lo devoró, todo lo desvirtuó.

Porque antes de Dibujos Animados Nacha Pop fueron una banda la hostia de buena. Los dos primeros discos, en especial el segundo, Buena Disposición (1982), no tienen parangón en sus maneras de regurgitar en un contexto nuevo las esencias de la New Age y el punk más fino, aparte de contener una colección de canciones pop de una calidad inédita hasta aquella fecha en el rock compuesto en castellano. Y son cañeras, sí, muy cañeras, en especial ‘Alta tensión’, un tema que te mete en vena la electricidad con todas sus consecuencias y con un trabajo de guitarra de Antonio Vega absolutamente magistral en su misma intensidad. Si ves las actuaciones de Musical Express de la época de ese disco, si ves la actitud de esos músicos no te puedes explicar lo que pasó después. Antonio Vega ha mantenido la dignidad en todo caso, con excepcionales brotes de genuina capacidad para tocar de verdad lo íntimo del que escucha. Nacho García Vega ya en 1985 había perdido el norte, y verlo ahora arrastrándose por programas de mierda, pese a su lozanía y estupendo aspecto, da más pena que ver al último Antonio Vega artaudiano.

~ por Antonio en febrero 21, 2016.

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