Answer me, my love

Hace unos días, el 17 de octubre, se cumplió el vigésimo quinto aniversario de la primera vez que vi a Bob Dylan en directo. Fue en un evento extraño sucedido en Sevilla en octubre de 1991, un festival llamado Leyendas de la Guitarra donde se combinó el cartel más extravagante que los anales recuerdan, Dylan, Keith Richards, Dave Edmunds, Joe Cocker, Roger Waters, Bo Didley, Vicente Amigo y, entre otros más, Miguelito Bosé. Cada músico daba un breve concierto de media hora o por ahí, otros menos, cantaban una o dos canciones y ya, y a veces interactuaban entre sí. La aparición de Dylan fue justo después de que Jack Bruce tocara ‘Sunshine of your Love’ y, en un tiempo en el que las noticias no volaban, no había twitter ni pollas en vinagre, muy pocos sabían por allí qué podía suceder con él. Imaginaos yo, un imberbe estudiante de COU totalmente desconocedor de su presente, entonces apenas metido de lleno en la básica discografía oficial. La cosa es que allí estaba yo. Se está o no se está. El 91 no fue un buen año para Dylan, la verdad, fue un curso errático en la NET, si bien al final de año parece levantar el vuelo un poco, con conciertos más centrados que los de, por ejemplo, la gira europea de verano: búscate el show del Zirkus Krone, en Munich, del 21 de junio, para que veas qué es lo que quiero decir. De la última parte del año hay buenos bolos, como el que da en Tulsa el 30 de octubre, bueno para la tónica de aquel año quiero decir. Sin embargo y curiosamente, en 1991 Dylan parece más comunicativo en escena y hace comentarios sobre las canciones, por ejemplo, en Tulsa, afirma después de tocar ‘Early Morning Rain’ que “ésta es una de mis canciones más antiguas, tanto que ni siquiera la escribí yo”.

El extraño concierto de Sevilla -donde por cierto se rumoreó el año anterior con otra actuación de Dylan- consistió en un número con banda completa, ‘All Along the Watchtower’ -de los peores que recuerdo- y tres canciones tocadas junto a Richard Thompson maravillosamente, ‘Boots of Spanish Leather’ y dos covers, ‘Across the Borderline’ y ‘Answer Me, My Love’. Interpretadas con guitarra acústica y armónica sostenida por soporte, a la vieja usanza, como ya suponemos que no se le verá jamás -guisa icónica, suponemos, ésta-. Lo peculiar es, sobre todo, que esta rara actuación es de las pocas completamente al margen de la NET, será de las pocas veces en las que desde julio del 89 no ha tenido a Tony Garnier a la vera, por ello significativa, extravagante y especial, no en vano terminó haciendo un dueto con el mismísimo Keith Richards, de traca chunga pero bueno, ahí estaba yo viendo a Dylan tocando con un Stone, lo que no sucede todos los días. Pensaba entonces, quién me diría, que no volvería a ver jamás a Dylan, no sabía que existía una gira interminable, no sabía que ese era el principio de un largo camino y de una convivencia vital fundamental y esencial para mi vida. Desde entonces, como dice mi querido Chencho, he estado menos solo.

Las reacciones a la aparición de Bob Dylan en aquel raro evento fueron, en todo caso, virulentas, poniéndole de todo menos de bonito, que si sieso, que si borracho, que si malage, que si acabado, que tal y pascual -no todas en realidad-. Y la cosa es que desde entonces siempre que lo he vuelto a ver y me he molestado en comprar la prensa local, con muy pocas excepciones, la sensación ha sido de que han fusilado aquellas crónicas tempranas del 91 y las han refrito otra vez sazonándolas con alguna que otra fruslería ofensiva adornada, al tiempo, con un absoluto desconocimiento de la música interpretada o de cualquier aspecto de la obra de Dylan. Y no sólo eso: la capacidad del personaje para generar polémica es directamente proporcional a su despreocupación por hacerlo. Que si lo de Victoria’s Secret, que si lo del Papa, que si lo de China, que si el disco de “villancicos”, que si no habla al público en directo, que si no deja que le hagan fotos, que si no hace “la, la, la” y levanta las manitas, que si no se reconocen las canciones, que si no toca el puto ‘Hurricane’, y así podría seguir ad nauseam, hasta llegar, claro a estos días, en los que un importante galardón -el más importante dicen los viejos del lugar- ha creado la mayor tormenta mediática de la era, una nueva “querelle” de proporciones bíblicas que amenaza con hundir el establishment literario.

Porque seamos serios. Lo que jode a la prensa -y no sólo en este país, que no hay más que darse un voltio por ER para ver que en todas partes cuecen habas- y, en general, a todo aquel que mama del artificio y la mercadotecnia de las leyes del show biz, incluidos, claro esta, otros que se llaman a sí mismos escritores, poetas laureados y nobles autoridades, es que el hombre no haga lo que ellos querrían que hiciera. Querrían que fuera simpático, comunicativo, condescendiente con el público. Querrían que aplaudiera con las orejas y repartiera sonrisas a diestra y siniestra. Pero de eso no va la cosa. Precisamente su actitud dignifica la música, dignifica el arte y dignifica la literatura porque no los expone al cotilleo y a la baba del exhibicionismo. Más allá de todo ello, la dignidad, como bien saben quienes conocen la poesía de Bob Dylan, no puede ser fotografiada.

~ por Antonio en octubre 23, 2016.

2 comentarios to “Answer me, my love”

  1. Da gusto leerte Antonio, yo hago lo que buenamente puedo en Audioplanet.

    Un fuerte abrazo,

    Ramón

  2. Kurattonee, …Kuratoneee

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